Hassam Araiza Ruíz*

 

El precio del dólar se ha incrementado significativamente, pues a inicios del 2015, específicamente el 15 de enero de ese año, el tipo de cambio FIX era de $14.5 por dólar; en la misma fecha del 2016 alcanzó los $18.2.

Tal parece que el alza en el precio del dólar no es un cambio pasajero; más que eso, nos enfrentamos a un cambio coyuntural, con una tendencia al alza que parece sostenida. Diversas son las razones de este fenómeno, algunas de ellas controlables y otras tantas no.

México tiene un tipo de cambio libre, lo que quiere decir que su precio es definido por el mercado; aún más sencillo, el peso vale tanto como sea demandado en el mundo, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿para qué el mundo demandaría pesos? Sencillo: para comprar productos mexicanos, ya sean bonos o bienes y servicios; por esto el tipo de cambio es un indicador de la fortaleza de una economía, lo que no quiere decir que una divisa apreciada equivale a un país económicamente fuerte (tal es el caso de China), pero ambos aspectos suelen converger.

1.- Más allá del 2015

El alza en el precio del dólar no es un fenómeno exclusivo del 2015. Este se remonta a la crisis inmobiliaria del 2008, periodo en el cual contamos con el “súper peso”, que rondaba los $11 por dólar en 2008 y no superó los $12 sino hasta 2009. Ya entrada la crisis, México supo aprovechar este periodo para su beneficio, captando gran parte de los capitales que escaparon de Estados Unidos a consecuencia de su política monetaria de tasa de interés cercana al cero, esto sumado a que los convenientes precios del petróleo y la solicitud de materias primas en el mundo proveían una constante demanda de pesos para poder adquirir los productos mexicanos, lo que llevó a apreciar la moneda mexicana.

2.- Malos tiempos

Siguiendo el principio de que todo en la economía es cíclico, Estados Unidos se recupera, lo que de a poco provoca que los capitales vuelvan a ese país, más aún cuando la FED decide que la economía estadounidense se ha recuperado lo suficiente como para normalizar su política monetaria y aumentar la tasa de interés. Esto provoca una huida de capitales; es decir, el mundo ya no demanda pesos mexicanos.

Si bien México se ha esforzado en adaptar su sistema económico a los requerimientos mundiales, esto lo ha hecho en un momento de incertidumbre, pues no solo las decisiones de la FED afectan al peso; la desaceleración de China, principal importador de materias primas en el mundo, y el bajo precio del petróleo causado por exceso de oferta han afectado las alternativas que tiene México para posicionar sus pesos en el mundo.

3.- No es suficiente

Aun cuando México parece transitar por un camino razonable, siendo la economía con mejor desempeño de América Latina, su moneda se deprecia. La desaceleración de China, el petróleo barato, las economías emergentes al borde de la crisis (caso de Brasil, Rusia, entre otras), la Unión Europea sobrepasada y Japón intermitente han provocado pánico en los inversionistas, quienes han recurrido a su “casa de seguridad”: los bonos del Tesoro de Estados Unidos, pues estos son considerados “libres de riesgo”, con lo que la demanda de dólares se ha acrecentado en el mundo, lo que eventualmente lleva a que la divisa norteamericana se aprecie, por lo que, más allá de un peso débil, nos encontramos ante un dólar fuerte, tan fuerte que roza la paridad con el euro.

La condición actual del dólar se mantiene en estándares manejables, pues su elevado costo aún no ha mostrado efectos sobre la inflación. Si bien a muchos mexicanos les encantaría un dólar de 11 pesos, la depreciación del peso conlleva una serie de oportunidades para el país, sobre todo para el sector exportador de la industria, ya que vuelve sus productos más competitivos e incrementa las exportaciones, particularmente a Estados Unidos. De la misma forma, abre oportunidades de inversión para sumar a la cadena productiva nacional los productos que solían importarse y de esta manera fomentar el mercado interno.

Es cierto que la depreciación es una oportunidad para los exportadores; sin embargo, es imperante recordar que México es un país importador y que una depreciación de esta magnitud afecta claramente a la balanza comercial. De no regularizarse en el corto plazo, el déficit comercial se acrecentará y provocará una caída del peso aún más pronunciada, por lo cual es importante que el país consiga un blindaje auténtico ante la posible volatilidad de los mercados internacionales —un blindaje con una balanza comercial, si bien no con superávit, equilibrada—, con una elevada productividad que nos permita crecer hacia adentro, un mercado interno fuerte y diversificado, bajo desempleo e inflación controlada.

 

*Analista económico Coparmex Jalisco

 

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