Adriana Macías*

Cada vez que tengo la oportunidad de dar una conferencia, algo muy especial vibra en mi corazón. Con el paso del tiempo, me di cuenta de qué era lo que más me apasionaba hacer en la vida, pues, como todo ser humano, tengo mis días buenos y mis días malos. Hay días, cuando tengo que hablar de actitud positiva, en los que no me encuentro muy bien de salud, o estoy atravesando por momentos dolorosos y tristes; pero cada vez que me paro en el escenario cosas mágicas me suceden, desde sentirme bien físicamente, cuando minutos antes tenía un tremendo dolor de cabeza, o sentir mi corazón confortado cuando antes estaba triste por alguna circunstancia de la vida.

Pero no soy la única que ha podido experimentar algo así. Fíjate en tu vida, y haz memoria de los momentos en los que algún proyecto en especial te entusiasma y apasiona de tal manera que incluso se te va el sueño o se te quita el hambre. En estos momentos tú, al igual que yo, conectamos con una fuerza que todos tenemos, que es superior y que solo se activa cuando lo que enfrentamos trae una mezcla de reto pero al mismo tiempo de gozo interno.

Pero para poder hacer uso pleno de nuestros potenciales y lograr nuestras metas no es suficiente solo tener el entusiasmo; necesitamos disciplina.

Esta palabra tiene un significado desde el latín: proviene de la palabra discípulo, que a su vez viene del latín discipulus, y este, de discere (disco, aprender), o sea, el que aprende o que se deja enseñar; luego entonces la palabra disciplina también deriva de discipulus en el sentido del orden necesario para poder aprender.

Ser disciplinado es estar en un constante aprendizaje, es permitir que las experiencias nos enseñen; aunque en estos tiempos la tecnología nos está mandando un mensaje equivocado al inconsciente, pues al hacer las cosas o servicios más rápidos y fáciles, genera en nosotros una sensación de que el éxito en lo personal o profesional puede ser igual de sencillo, lo cual no es así. Todas las personas que se han convertido en grandes ejemplos por sus logros en la historia de la humanidad han practicado la constancia y la disciplina. Por más que algunas voces quieran vendernos la idea del éxito instantáneo, este no existe.

Lo más importante para el éxito es tener un objetivo o misión que te desborde de emoción y verdaderamente te entusiasme, aplicar en ello el rigor de la disciplina para aprovechar todos tus potenciales al máximo y llegar a la meta que te trazaste.

 

*Escritora y conferencista de Maha Medha AC

www.adrianamacias.com

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