Andrés Pastrana, un hombre de paz

Gabriela Guerra Lomelí 

 

“Lo fácil es hacer la guerra, lo difícil es hacer la paz” son palabras que expresó el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana Arango, durante su visita en Guadalajara para presentar una ponencia en Punto Empresarial de Coparmex Jalisco. Sin duda, es un hombre que conoce la guerra de cerca, que ha vivido el miedo en carne propia y que se ha enfrentado al disgusto social por defender su ideología.

Pastrana, doctor en leyes y reconocido periodista, fue presidente de su natal Colombia en 1998. Proveniente de familia de políticos, por sus venas corre el carácter y la firmeza que requiere todo líder, por lo que durante su campaña electoral prometió que de ser necesario se sentaría a dialogar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y lo cumplió.

Ejemplo de lucha; vivió en sangre propia un secuestro por el cártel de Medellín comandado por Pablo Escobar, y aun así continúa compartiendo su discurso de paz y creyendo firmemente en el diálogo. Comenta: “Mi programa de gobierno estaba basado en un trípode: el primero, el fortalecimiento institucional, que es fundamental para crear confianza; el segundo, el fortalecimiento de nuestras fuerzas militares para poder combatir el narcotráfico y la guerrilla; y el tercero, inversión social, cómo y de qué forma podíamos nosotros sacar a millones de colombianos de esa pobreza extrema y brindarles mejor calidad de vida”.

Estas premisas fueron contempladas en su Plan Colombia, por medio del cual pretendía recuperar las zonas dedicadas al cultivo de droga con apoyo de Estados Unidos, así como eliminar diferencias entre los partidos y permitir la continuidad de las acciones que cada uno de los presidentes hiciera por el bien del país. “Creo que lo que transformó a Colombia y lo que nos dio la posibilidad de construir ese nuevo país fue el Plan Colombia […] lo que ha permitido es que tuvimos una política de Estado, y eso genera confianza. ¿Cuál es la política de Estado?, [aquella en] la que no importa qué partido esté en el gobierno, sino que se está pensando en el largo plazo, no importa el color, el partido, el interés político, sino pensando simplemente en su país, en este caso, Colombia”.

Durante su reunión con las FARC, Pastrana tenía la esperanza de llegar a un acuerdo, “a la mejor paz” —como él lo menciona—, refiriéndose al beneficio de ambas partes. Sin embargo, la guerrilla no estaba preparada para el diálogo, y todo intento resultó fallido. ¿Qué faltó?, ¿por qué no se logró la paz?: “Un día le dije yo a Tiro Fijo, comandante de las FARC en el momento, cuando lo fui a ver la última vez a las selvas de Colombia. Él estaba sentado enfrente de mí, le volteé un folder y le dije: ‘Tiro Fijo, escríbame ahí qué es lo que tengo que hacer yo como presidente de Colombia para firmar la paz con usted’. La hoja todavía está en blanco”.

A diferencia de Álvaro Uribe, sucesor de Pastrana y del actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, Andrés Pastrana no contó con la posibilidad de reelección, algo que lamenta debido al poco tiempo que pueden resultar cuatro años para generar un cambio verdadero. “Eso posiblemente conllevó a que no se firmara la paz, ¿por qué? La guerrilla de la FARC en Colombia, yo digo que su común denominador es la desconfianza, entonces, claro, para ellos, que yo como presidente solo tuviera cuatro años de gobierno no reelegibles, ellos mismos me preguntaban y me decían: a ver, si nosotros, presidente Pastrana, hacemos la paz con usted, ¿quién nos garantiza que esto va a continuar? ¿Quién nos garantiza que los acuerdos que usted y yo firmemos van a continuar en el tiempo?”.

El entonces presidente Pastrana contaba con el apoyo de treinta países, quienes respaldaban el acuerdo que pretendía consolidar; sin embargo, la guerrilla no cedió, sino que intensificó los ataques contra la ciudadanía e incrementó la adquisición de territorio para los campos de droga. Pastrana argumenta: “Los colombianos, mientras que nosotros estábamos en la mesa, como le ha sucedido al presidente Santos —no me sucedió solo a mí—, no entienden que usted esté hablando con la guerrilla y estén masacrando soldados, estén masacrando policías, porque la gente se pregunta y dice: ‘¿por qué estamos hablando con un grupo terrorista, que no cumple? Ellos nos siguen asesinando”.

El expresidente asegura que no ha vivido un solo día de paz en su vida; lo padecen sus hijos y ahora su nieta, y esto lo impulsa a seguir trabajando en el cambio, dejar un futuro mejor para su familia y para su país. Tiene claro que el camino no ha sido nada sencillo, y que lo más probable es que continúe por más tiempo, pero tiene la certeza de que si todos se unen, los cambios pueden darse. El gran error, asegura Pastrana, es querer esconder la situación al pueblo; considera de importancia compartir la información, que la gente conozca lo que se pretende realizar y comprenda la complejidad de las situaciones: “Yo he venido insistiéndole al presidente Santos que la paz no la hace uno como presidente. La paz no es de Pastrana, no es de Santos, no es de Uribe, es de todos. La paz la construimos todos, y yo por eso le he venido insistiendo al presidente, ‘presidente convoque al país, llame a los colombianos, cuénteles qué está pasando’. […] Si usted mira las encuestas hoy en día, el 60 por ciento no está de acuerdo con el proceso de paz, y es muy triste que un país como el nuestro, que llevamos 60 años de violencia, ni siquiera nos pongamos de acuerdo en eso”.

Si bien la situación de Colombia podría parecer mucho más compleja que la de México en la actualidad, es el mismo Pastrana quien advierte que los problemas se desplazan: “Fíjense ustedes, de Perú, de Bolivia, se desplazó a Colombia; tuvimos los grandes cárteles. ¿De Colombia a dónde se desplazó? A México, pero ahora resulta que los grandes jefes de la droga en Colombia ya no son colombianos; muchos son mexicanos, que fue lo mismo que sucedió en Colombia con Pablo Escobar y con el cártel de Cali y Medellín, que reemplazaron los cárteles bolivianos y peruanos para convertirlos en colombianos, y eso mismo viene sucediendo, y eso se va a desplazar, porque México es un país fuerte”.

Seguramente a usted, lector, le preocupan estas palabras, y es que México ya vive una situación compleja, que preocupa, sobre todo, por la incertidumbre. Pero depende de cada uno revertir este escenario; son las pequeñas acciones las que hacen las grandes diferencias. Pastrana nos comparte su ideología: “Los líderes tenemos que tomar macrodecisiones, y líder soy yo como político y son los empresarios en cada una de sus empresas. […] Lo denomino las tres C: lo primero que debemos tener es confianza: confiar en uno; confiar en tu equipo; confiar en tu familia, en tus amigos, en tu empresa, porque eso es lo más importante. Segundo, coraje; y esto significa que un empresario tiene que cambiar, por ejemplo, su línea de producción; coraje para poner la cara frente a sus competidores; coraje para combatir a la competencia desleal, el contrabando. Hay que tener coraje, hay que salir a denunciar, hay que salir a poner la cara. Y el tercero, convicción: convicción en lo que uno hace y en lo que uno quiere. Pero convicción también significa comunicar, porque yo puedo tener convicciones pero si no logro comunicar lo que yo creo o a dónde debe ir mi empresa, se queda ahí”. Otro punto importante que destaca Pastrana Arango es la creación de consensos. Un verdadero líder no se impone, sino que logra acuerdos, expone sus ideas, opiniones, situaciones, y logra consensos.

Actualmente, Andrés Pastrana es miembro de dos organizaciones: el Club de Madrid, conformado por 90 exjefes de Estado dedicados a la promoción de la democracia, y la llamada Interacción, en la que participan 40 exjefes de Estado. Además, imparte conferencias y participa activamente en su partido para impulsar a los próximos candidatos a gobernadores y alcaldes. Como proyecto especial, el presidente de Colombia ha invitado a Pastrana a participar en la Comisión Asesora de la Paz, conformada por expresidentes, Iglesia, antiguos guerrilleros del M-19, entre otros.

Su principal objetivo, asegura, es alcanzar la paz, y es así como quiere ser recordado. “Esa fue toda la carta política que yo me jugué, mi prestigio, todo nos lo jugamos por la paz, con críticas. […] Esa fue la carrera que escogimos, prestar servicio a nuestro país, y esperamos hacerlo hasta los últimos días, hasta nuestra muerte, seguir trabajando por una Colombia mejor, para su gente, que es lo más importante”, finalizó. 

Share
  • bigbang.jpg
  • cklass.jpg
  • tierra-armonia.jpg