Luis Ignacio Castillo Álvarez*

Al parecer el tema de moda en México es la corrupción. Todos los días tenemos un nuevo escándalo de corrupción e impunidad. Lo vemos en las redes sociales, en la prensa y en nuestro día a día. Esto no necesariamente significa que la corrupción haya aumentado en los últimos años, sino que ahora estamos más informados y cada día salen más casos a la luz. En efecto, México es el cuarto país más corrupto de Latinoamérica, según datos del Informe de Percepción de la Corrupción, que emite año con año Transparencia Internacional. México ha caído varias posiciones sistemáticamente a lo largo de los años. Claro: cómo no vamos a caer si nuestra percepción de la corrupción es cada día más grande. Sumémosle a todo esto la poca voluntad política que ha existido para que el sistema nacional y los sistemas estatales anticorrupción sean exitosos. Tenemos una fiscalía sin fiscal. Es como decir que tenemos un cuerpo humano sin cabeza. Lo que sí debemos rescatar es el empuje y voluntad que ha demostrado el comité de participación ciudadana para sacar adelante el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Sí, en México no todo está perdido, pero la realidad aún está lejos de nuestros ideales.

Mucho ya se ha hablado sobre si la corrupción es un mal cultural del mexicano o si este la lleva en el ADN. La gran mayoría de expertos difiere de esta teoría; de hecho, todo lo contrario: es una salida fácil para justificar un problema de fondo. En un estudio realizado por mí, le pregunté a un grupo de niños de entre cinco y diez años si alguna vez en su vida habían dado mordida. Las tres principales respuestas fueron que SÍ, pero la mordida se la habían dado a lo siguiente: 1.- una manzana, 2.- la comida, 3.- a un hermanito. Aunque bastante preocupante el caso de la niña caníbal y su pobre hermano, nos encontramos con que no existe el gen de la corrupción en el mexicano. El tema de la corrupción e impunidad es un asunto de incentivos mal colocados. El ejemplo viene de las palabras de Max Kaiser (director anticorrupción del Instituto Mexicano para la Competitividad, IMCO): “Es como la nueva ley de tránsito de la Ciudad de México, donde por faltas menores se pueden llevar tu carro al corralón, en vez de pagar una multa adecuada; esto incentiva totalmente la mordida, ya que implica una mayor pérdida de tiempo, burocracia y dinero el que metan tu automóvil al corralón. Es decir, los incentivos y castigos están mal colocados”. Para realmente disminuir la corrupción tiene que haber buenas leyes, servidores públicos que realmente las ejecuten y castigos reales a quienes cometan una falta. Un problema cultural no se erradica con medidas culturales; se disminuye con medidas institucionales. No lo digo yo; lo dice Eduardo Bohórquez, uno de los principales impulsores de la ley 3 de 3.

Si con todo esto que te digo te parece que tenemos un panorama desalentador, he logrado mi primer objetivo. Y el segundo es decirte que no todo está perdido. Existen muchas asociaciones integradas por mexicanos responsables, preocupados y ocupados para resolver estos males. Mexicanos contra la Corrupción e Impunidad, Instituto Mexicano para la Competitividad, México Evalúa, Opciona, Haz Corto contra la Corrupción y el movimiento Yo No Doy Mordida son los nombres de algunas. La invitación es que, si realmente quieres hacer un cambio en nuestro país, te acerques a estas asociaciones y veas de qué manera puedes colaborar. Tiene que haber convergencia, y debemos luchar por un frente común, que es disminuir lo más posible la corrupción e impunidad en nuestro país. Ahora que estamos informados, o sobreinformados, nos corresponde a la ciudadanía actuar. Recordemos que el destino de México es responsabilidad de nosotros los mexicanos, y de nadie más.

 

*Vicepresidente de Participación Ciudadana y miembro de la Comisión de Empresarios Jóvenes COPARMEX

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