Bienestar organizacional: el estrés laboral y la productividad (1ra parte)

Dr. José Luis Ronquillo Horsten*

Dentro de la tendencia global del wellness, o búsqueda del bienestar organizacional, uno de los fenómenos que se presentan cada vez con más frecuencia es el estrés en el trabajo, un problema de salud laboral alarmante, ya que en el ambiente competitivo actual, su impacto es cada vez mayor debido al número de trabajadores que tienden a experimentar las consecuencias del estrés en el trabajo, el cual afecta su ambiente laboral, su estado de salud personal, así como sus relaciones familiares y sociales.

PROBLEMA DE SALUD LABORAL

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se refirió al estrés laboral como una “epidemia mundial” y estableció que en el 2020 las cinco enfermedades mundiales más comunes tendrán relación con el estrés laboral. Las industrias en Estados Unidos pierden 75 millones de dólares anuales debido al ausentismo, gastos hospitalarios, seguros sociales y disminución de la productividad (Santolaya, 2008). En México, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) estimó que más del 20% de los mexicanos padecía estrés laboral y que este produce una disminución de hasta un 30% en la productividad del país (Vargas, 2011).

Dependiendo de la industria o mercado en que esté ubicada la organización, será la velocidad de cambio requerida, ya sea para sobrevivir o para desarrollarse. Esta puede ser alta, estándar o baja, lo que origina un ambiente de trabajo específico generador o no de estrés laboral, y ello tendrá un impacto positivo o negativo en el nivel de desempeño de los integrantes de la organización.

El factor tiempo es clave, elemento estratégico de un negocio. Una demora en los procesos de adaptación significa, probablemente, el riesgo de perder participación en el mercado y el abandono de la actividad productiva como consecuencia de su salida del mercado. Por ello la importancia de evaluar diferentes variables desde la perspectiva de la velocidad de cambio que le es requerida a la empresa.

Se puede definir al estrés laboral como la respuesta física y emocional nociva que ocurre cuando los requerimientos del trabajo no son compatibles con las capacidades y recursos de los trabajadores y estos son rebasados (Ramos 2001).

Ante el estrés laboral, las personas realizan una evaluación primaria; interpretan si una situación es amenazante o inofensiva. Posteriormente se da una evaluación secundaria, que considera la clase de acción que se requiere tomar, así como la naturaleza y la potencia de los recursos con que se cuenta para manejar o hacer frente a la situación estresante. El estrés laboral crónico aparece entonces cuando fallan las estrategias de afrontamiento que habitualmente emplea el individuo para manejar los estresores laborales.

Barrera (2000) menciona que otra víctima del estrés laboral crónico es la propia empresa o institución de trabajo, pues el tener personal que padece el fenómeno provoca la merma de la calidad productiva, merma en las ganancias, elevación de los costos de producción, daño a la imagen corporativa, desajustes en el clima organizacional y una disminución de la competitividad de la organización.

De hecho, aunque pueda parecer paradójico, el estrés laboral controlado es deseable porque cuando no hay estrés tampoco existe interés por el trabajo, y en este punto el desempeño tiende a bajar y ser deficiente. A medida que aumenta el estrés laboral, se observa que el desempeño tiende a mejorar porque el estrés estimula al individuo a buscar recursos que le permitan cumplir con las exigencias del trabajo. Es un estímulo saludable que lo alienta a responder a los retos. El estrés laboral termina por llegar a un nivel de equilibrio que corresponde aproximadamente a la capacidad máxima de desempeño diario del sujeto. Sin embargo, después de este punto, el estrés laboral, se convierte en nocivo para la salud y con resultados negativos tanto para la persona como para su entorno.

ESTRÉS LABORAL DE LARGO PLAZO

Si el estrés laboral se torna excesivo y se experimenta a largo plazo, el desempeño empieza a deteriorarse. Un empleado pierde la capacidad de afrontar los retos, no puede ya tomar decisiones acertadas, y su comportamiento se vuelve desorganizado. Si el estrés laboral llega a un nivel máximo, cesa el comportamiento eficiente, el empleado sufre un colapso, la enfermedad le impide trabajar adecuadamente, renuncia, lo despiden o se niega a trabajar para no afrontar el estrés laboral.

 

Las etapas por las que se puede pasar en respuesta a niveles sostenidos del estrés excesivo:

  • Durante la primera fase se pueden experimentar cambios con la sensación de estar llenos de energía, y la respuesta probablemente será positiva y efectiva.
  • Después de un período de tiempo comenzará una sensación de mucho cansancio. La persona se sentirá ansiosa, frustrada y molesta. La calidad del trabajo podrá comenzar a resentirse.
  • Mientras el nivel alto continúe, la persona comenzará a sentir un estado de frustración y a enfermarse más frecuentemente. También podrá pensar que la organización de trabajo la está explotando. En este momento podrá experimentar cierta distancia emocional de la empresa o empleador, y quizás comenzar a pensar en buscar un nuevo trabajo.

Si los altos niveles de estrés laboral continúan, se podrá experimentar depresión, desgaste, colapso nervioso, o alguna otra forma de gran estrés relacionado con un estado enfermo; es cuando aparece el fenómeno llamado burnout (estar quemado por el trabajo).

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