Block chain, la tecnología detrás del bitcóin

Luis Gerardo Pérez Figueroa*

 

En los últimos años nos ha tocado vivir una nueva y verdadera revolución industrial, que, de forma similar a la primera revolución gestada en el Reino Unido, ha trastocado de forma sustancial el orden económico establecido en los negocios, la economía y, en general, a la sociedad. El disparador más relevante en cada revolución industrial ha sido el progreso tecnológico, que ha permitido el desarrollo de nuevos procesos productivos, más eficientes, que permiten producir bienes y servicios de mayor calidad y mejorar la calidad de vida de las personas.

En esta última revolución, el desarrollo y la penetración de la tecnología digital han posibilitado un crecimiento exponencial en la gran mayoría de las industrias. En los próximos años la tecnología digital dotará de “inteligencia” a todos los productos con los que el ser humano tenga contacto.

Dentro del escenario digital, en 2008 una persona (o quizá un grupo de personas) llamada Satoshi Nakamoto desarrolló el concepto denominado block chain, que es la tecnología en la que se sustenta la primera moneda digital. En sus inicios, el bitcóin no pasó de ser una curiosidad tecnológica; sin embargo, con el tiempo el bitcóin ha crecido de forma muy importante, de tal manera que en la actualidad el valor total de la moneda digital se estima en nueve billones de dólares americanos, lo cual obliga a preguntarse cómo es que una moneda “etérea”, que “no existe” en el mundo real, pueda tener un valor tan grande después de nueve años de su nacimiento.

La respuesta la podemos encontrar en la tecnología que sostiene a esta moneda y en el poder de dicha tecnología, cuyas principales fortalezas las podemos resumir en transparencia e incorruptibilidad. ¿Y por qué estos factores son relevantes? Desde la invención de Internet, hace ya cuatro décadas, esta herramienta ha impulsado la colaboración, comunicación, eficiencia y el intercambio de información a niveles que nunca antes habíamos imaginado; sin embargo, como cualquier otra herramienta, tiene algunos lados débiles, y entre ellos uno de los más importantes tiene que ver con la identidad y la seguridad.

Un hombre puede hacerse pasar por una niña, o un niño puede hacerse pasar por un adulto, de forma que al final del día podríamos estar platicando o haciendo transacciones con un perro sin saberlo.

Para poder obtener seguridad en las transacciones en línea, como sucede en la vida real, hemos tenido que recurrir a intermediarios, que juegan el papel de validadores y nos otorgan un cierto nivel de confianza, como los bancos, las empresas de pago como Paypal, etc., lo cual representa un costo de transacción que, aun cuando ha tendido a la eficiencia, todavía deja fuera de los beneficios de la transformación digital a muchas personas y empresas.

Por otro lado, también tenemos que pagar el precio de la invasión de nuestra privacidad, ya que estas entidades cuentan con información personal valiosa que se encuentra centralizada y en su poder. Esto último conlleva además un riesgo. ¿Qué pasaría si de alguna forma la base de datos centralizada de un banco perdiera la información de mi dinero? ¿Quién puede garantizar que ese dinero es mío? Siendo bases de datos centralizadas, ¿cuál es la probabilidad de que desde dentro una persona tome mi dinero y lo transfiera a otra cuenta? Como estos existen miles de casos en la vida real en todo el mundo.

Por otra parte, la promesa de Internet de lograr conectar uno a uno a todos los seres del planeta no ha visto aun la luz. Aunque se haya avanzado mucho, existen hoy nuevamente, como en la vida real, dominios casi monopólicos de ciertas industrias, aun con los nuevos jugadores. Consideremos por ejemplo tres casos, AirBnb, Uber y Google. Son empresas de la nueva era, pero a la vez son también el ejemplo de un poder que tiende al monopolio en sus industrias, puesto que estas tres son las empresas más grandes en su ramo (hotelería, taxis, búsqueda de información), lo cual de alguna forma es consecuencia de la necesidad de un tercero que valide y dé confianza.

¿Qué es lo que hace poderosa a la tecnología block chain? Siendo una tecnología compleja, trataremos de explicarla en forma simple. Imaginen una transacción de compra-venta entre A y B. A es el vendedor, y establece el precio, las condiciones y las características del bien en un libro electrónico. Por su parte, B acepta las condiciones de la venta, lo cual se registra en dicho libro electrónico.

Por otro lado, B, cuenta con dinero electrónico, que a su vez está registrado en el mismo libro electrónico, de forma que cuando B acepta los términos de la venta, automáticamente se transfiere el dinero electrónico de B hacia A, y la propiedad del artículo pasa a posesión de A, lo cual queda asentado en dicho libro.

Hasta aquí todo suena a una contabilidad electrónica, que incluso puede darnos mayor miedo, pero aquí es donde entra la tecnología block chain, porque estos libros electrónicos son duplicados miles de veces y colocados en diversos nodos de la red a nivel mundial, de forma que dicha información no se almacena en forma centralizada, sino distribuida.

Por otra parte, para construir el bloque de información se requiere que cada parte en la transacción sea identificada a través de un mecanismo de llave privada en combinación con una llave pública, lo que asegura la identidad de cada parte. Adicionalmente, el bloque de transacciones realizadas en un periodo corto de tiempo (diez minutos) se encripta con algoritmos dinámicos que se ponen a concursar entre miles de mineros, quienes compiten entre sí para resolver el “acertijo” lo más rápido posible, dando un número único a cada bloque encadenado con el anterior.

Con todo esto, resulta casi imposible poder corromper los registros transaccionales de una block chain, porque para hacerlo habría que desencriptar no un bloque, sino todos los bloques anteriores, además de encontrar los miles de nodos en la red y cambiarlos todos al mismo tiempo. No es fortuito que a la fecha las principales empresas financieras del mundo estén invirtiendo millones de dólares en block chain, así como algunos Gobiernos para cuestiones de seguridad y control de lavado de dinero; sin embargo, esta tecnología, aunque nació con la creación de la primera moneda digital, tiene un alcance mucho mayor.

Aquí algunos ejemplos de lo que hoy se está desarrollando. La tecnología incluye: 1) Contratos inteligentes, que permitirán que los contratos se ejecuten sin necesidad de un tercero cuando las condiciones establecidas se cumplan; 2) Economía compartida, ya que abre la puerta para hacer transacciones uno a uno sin necesidad de intermediarios; 3) Votos digitales, con lo cual se hace totalmente transparente una elección y se asegura la identidad de los electores; 4) Préstamos persona a persona sin necesidad de intermediarios financieros; 5) Almacenamiento distribuido en la nube, en el que cualquier persona podría rentar su espacio disponible de almacenamiento; 6) Certificaciones, compra-venta y otras operaciones que no requerirán más la intervención de un notario.

Debemos aprender y observar el desarrollo de esta tecnología. Si estás en una industria que pueda ser afectada por ella, no pierdas más tiempo, porque así como a muchos les ha llegado su Uber, a ti te puede alcanzar tu block chain.

 

*Socio y director general de Value + Business Innovation

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