De ciencia ficción a la realidad

Kevin González Bracamontes*

La naturaleza del mercado laboral está cambiando. Cada vez resulta más difícil para las empresas encontrar trabajadores que cumplan con las habilidades que estas requieren.

La tecnología ha transformado nuestro entorno a gran escala y a un ritmo acelerado, por lo que resulta difícil para los empleados seguir ese mismo ritmo de cambio. El desarrollo tecnológico representa grandes retos para el mercado laboral. La automatización trae consigo la promesa de incrementar la productividad y las eficiencias del trabajo, pero también es un potencial riesgo para los trabajadores y sus salarios.

Mientras pocos trabajos pueden ser completamente automatizados, es un hecho que la automatización parcial afectará a casi todos los empleos en mayor o menor proporción. Los robots y la inteligencia artificial evolucionan hasta alcanzar niveles que superan las capacidades del ser humano, y amenazan al sector productivo con un desempleo masivo y caídas en los sueldos.

El panorama parece desalentador, pero la factibilidad de automatizar el empleo varía en cada país y en cada sector. En México, más de la mitad de los trabajos corren el riesgo de ser reemplazados por máquinas, y los sectores manufacturero y agrícola son los más vulnerables.

A pesar de la amenaza de la automatización, la tecnología contribuye a la creación de nuevas industrias y puestos de trabajo. Actualmente las industrias de desarrollo tecnológico crecen de manera exponencial y comienzan a demandar más trabajadores, por lo que el impacto en las cifras de empleo puede llegar a ser positivo.

El trabajador del futuro requerirá habilidades que complementen las actividades que realizan las máquinas y los robots. Por esto resulta importante contar con modelos educativos que respondan a las nuevas necesidades del mercado laboral. La educación de los jóvenes y la continua capacitación de los trabajadores condicionarán el impacto que tengan las tecnologías en las cifras de empleo de las economías.

Mientras avanzamos en el proceso de digitalización, debemos continuar con los incentivos a la inversión y la innovación para impulsar la generación de nuevos empleos, especialmente de aquellos que se desarrollan en el sector tecnológico. El activo más importante con el que cuentan las empresas es el capital humano, por lo que el sector productivo debe invertir en programas que amplíen las habilidades de sus colaboradores y los preparen para enfrentar los nuevos retos tecnológicos. A medida que la tecnología se expande y abre su paso en el mercado laboral, el Gobierno, en colaboración con la iniciativa privada, debe diseñar políticas que fomenten la educación digital e impulsen el empleo.

A pesar de que la economía tiende a adaptarse, hay que implementar medidas que faciliten nuestra transición a una economía automatizada para minimizar los riesgos del desplazamiento de la fuerza laboral y sus consecuencias.

Falta conocer con certeza los beneficios de la productividad que traerá la automatización y su impacto en el crecimiento económico, pero estamos a tiempo de buscar soluciones creativas e innovadoras que garanticen el desarrollo y bienestar de los trabajadores y sus familias.

Cada vez nos acercamos más al futuro donde la ciencia ficción deja de ser ficción para convertirse en una realidad.

 

* Analista Económico de Coparmex Jalisco

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