El Poder del Silencio

Dimitri Limberopulos

Es difícil describir el silencio, sobre todo en nuestra cultura donde los silencios toman un matiz que raya casi en lo negativo. En México el hablar es sinónimo de poder, aquellos que tienen los mejores puestos o fama y fortuna son aquellos que se les concede la palabra: el resto nos vemos forzados a escuchar muchas veces sin siquiera tener derecho a réplica. Y gracias a esta dinámica que nos rige creamos una cultura del atropello verbal, donde el que más habla (y más fuerte grita) es casi siempre el que gana.

Sin embargo el verdadero poder de cambiar las cosas no viene de las palabras, sino del silencio. ¿Por qué? porque el silencio es vacío, el silencio es un espacio donde nada ha sido construido y donde las posibilidades son ilimitadas. En cambio las palabras son montones de ladrillos que van cayendo uno detrás de otro, muchas veces sin orden ni sentido.

Si le preguntáramos a un buen vendedor qué es más importante, si escuchar o hablar, la respuesta siempre sería el silencio: escuchar a tu cliente. De hecho dicen que Dios (o Buddha o Ala) nos dio 2 orejas y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos, sin embargo pareciera que el dicho lo mexicanizamos a “nos dio una boca para hablar el triple de lo que escuchamos para compensar la falta de una segunda boca”.

El verdadero poder del cambio viene de escuchar a los clientes, al equipo, al mercado. Y aunque todos lo sabemos, en nuestro día a día siempre actuamos diferente. Esto es muy fácil de comprobar, ¿cuándo fue la última vez que un director o gerente los invitó a una reunión para que ustedes literalmente hablen mientras el escucha? Usualmente cuando el director convoca una reunión el habla (demuestra su poder) mientras nosotros escuchamos.

Y este problema se potencializa cuando entra en juego el silencio mental. Muchas veces podremos no estar diciendo ninguna palabra, pero no bien ha dicho más de 3 palabras la persona que tenemos enfrente cuando en nuestra mente ya estamos teniendo un diálogo interno para ver como demostrarle a esa persona que está equivocada. Aunque una boca hable y la otra esté callada, la realidad es que las 2 personas siempre están hablando con su mente. Cada quién avienta sus ladrillos sin escuchar al de enfrente, encerrados en nuestra propia forma de ver las cosas. Si no hay silencio no hay espacio para construir ni conocer.

Si no hay silencio no hay un espacio para el cambio. Si no hay silencio no hay cabida más que para mi propio punto de vista y nada más. Tenemos que aprender a cambiar esto. Gran parte de los problemas que se generan en nuestras empresas (y en el mundo) es por no saber escuchar. Los dejo con un proverbio Chino que tal vez les sirva poner en sus empresas:

“No hables a menos que puedas mejorar el silencio”

Director general de Sumie Ideas
www.thinksumie.com

Edición: mayo-junio 2013

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