Bertha Inés Herrerías Franco*

 

Uno de los principios fundamentales para el éxito de cualquier empresa u organización es el valor, calidad y productividad de sus recursos humanos. Las personas, lo sabemos, son quienes hacen a las grandes empresas y logran sus triunfos. De igual manera, una mala gestión del capital humano puede ser la razón de algún fracaso.

 

En uno u otro sentido, el personal y sus relaciones laborales son claves para el desarrollo de cualquier empresa, y uno de sus principales desafíos. Todas las organizaciones lo saben y reconocen a sus trabajadores como el recurso más importante y valioso al que hay que cuidar, capacitar, promover y estimular de manera permanente. Sin embargo, es común encontrar en el seno de las organizaciones y corporativos casos de poca comunicación, falta de identidad, bajo involucramiento, improductividad, desmotivación, alta rotación, liderazgos débiles, deserción, etc., que convierten a su recurso más importante en un freno y, muchas veces, hasta en un obstáculo. Para enfrentar este desafío desde su raíz es necesario un cambio de perspectiva: ver al equipo de trabajo auténticamente como una familia.

 


Esa es la propuesta de Óscar Rodríguez González, director de Desarrollo de Recursos Humanos de El Palacio de Hierro, y autor de Familia laboral. Compañeros de vida, libro publicado por Lid Editorial Mexicana. A lo largo de su vida personal y profesional, ha participado en dos grandes corporativos mexicanos de los cuales ha abrevado sus conocimientos y experiencias: Grupo Bal y Grupo Bimbo, que comparten, cada uno con su propia cultura empresarial, el convencimiento del valor que tiene la familia laboral.

  

“La expresión familia en la empresa (familia laboral) existe en el vocabulario, pero no había alguna iniciativa de hacerla formal, por lo que felicito a Óscar”, dice en el prólogo don Lorenzo Servitje Sendra, socio y fundador de Grupo Bimbo. “Para construir el modelo de país que queremos […] es necesario que apliquemos los conceptos de libertad, justicia, solidaridad, subsidiariedad, prosperidad y pluralidad desde nuestras casas […]”, propone don Alberto Baillères, presidente del Grupo Bal.

 

El autor asienta que si el trabajo ocupa la mayor parte de nuestra vida, si perseguimos objetivos comunes, si sostenemos relaciones interpersonales, en fin, “si estamos juntos ocho horas diarias, compartimos recursos materiales, económicos, tecnológicos, humanos, intelectuales; compartimos objetivos, similitud de ideas, metas y logros, etc.”, de hecho, somos una familia.

 

Habla de tres tipos diferentes de familia: la familia consanguínea, la familia social y la familia laboral, los tres presentes en nuestras vidas. Esta obra se dedica al tercero de estos aspectos, y propone su importancia y la manera de construir familias laborales en los diversos ámbitos de trabajo, al mismo tiempo que plantea la necesidad de mantener un sano equilibrio entre la familia, el trabajo y la amistad.

 

 “Fortalecer el concepto de familia puede convertirse en una ventaja competitiva para darle vuelta a nuestra realidad”, plantea el autor, y agrega: “Fundamento la importancia de generar el enfoque de familia en los diferentes grupos en donde nos desarrollamos y en los que podemos contribuir tratando de hablar sobre un mismo tema, mostrando interés por aprender, identificándonos con ciertas ideas y valores, buscando la mutua compañía, sintiéndonos a gusto con nuestro rol en el grupo, por contribuir y competir en un ambiente de colaboración y no de confrontación […]”. Es decir, ser una familia laboral. Entenderlo de esta manera puede ser el principio para solucionar, de manera definitiva, los conflictos humanos dentro de cada empresa.

*Letras

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