La innovación y el lobo

José Carlos Rodríguez

¿Por qué voy a cambiar si, haciendo las cosas como hasta ahora, me ha ido bien? Esta es una de las grandes preguntas que se hacen las pymes cuando alguien les habla de hacer algo diferente. Sin embargo, cuando se les menciona la palabra innovación, todas las empresas dicen ser innovadoras. La realidad es que no existe innovación sin cambio.

Los cambios se suelen producir cuando algo no funciona o cuando existe una necesidad interna o externa, pero no siempre es así. La innovación debe ser algo inculcado en la cultura empresarial.

Desde hace unos años se habla indiscriminadamente de la palabra innovación restándole el valor real que intrínsecamente posee. Malentendemos su significado hasta el punto en que todo vale.

La innovación va más allá de soluciones informáticas y de tecnologías de punta. Añadir una novedad a algo que ya existe o crear algo nuevo no está necesariamente ligado al uso de las nuevas tecnologías, en términos de innovación.

Uno de los casos de éxito de innovación intangible es el de Puma. Esta fue una de las primeras marcas en darse cuenta de que la gente solía vestir ropa deportiva, pero lo hacía por comodidad y estética; la gran mayoría de sus usuarios no hacían deporte diariamente. Su innovación fue la de enfocar su estrategia a satisfacer esa gran demanda de no deportistas que usaban ropa deportiva.

¿Cuántos de nosotros somos reacios al cambio? Existe miedo a cambiar de trabajo, a adoptar nuevos procesos, a usar nuevas herramientas, a un nuevo jefe, a comenzar de nuevo... Nos acostumbramos a vivir en esa área de seguridad llamada comodidad, que nos impide hacer algo diferente: matamos nuestra creatividad, nuestra adaptabilidad. La capacidad de adaptarse al cambio es un valor intangible, tan grande como la más cara de las máquinas.

¿Será que solo en situaciones difíciles apostamos por realizar cambios? Oímos, una y otra vez, desde Europa, que la única forma de salir de la crisis es mediante la innovación, agregando valor a nuestros productos, creando soluciones que nos faciliten la vida, mejorando nuestra productividad y aumentando nuestra competitividad. Pero, ¿por qué siempre esperamos a que venga el lobo? Un día, el lobo vendrá sin avisar y solo aquellos que aprendieron a reinventarse constantemente serán los que saldrán adelante.

Coordinador Técnico del IAT (Instituto Andaluz de Tecnología),
Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara.

Edición: julio-agosto 2013

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