La pregunta del millón

Jorge Cuevas

En innovación, lo más importante no son las respuestas, sino las preguntas. Las respuestas nos brindan soluciones, pero las preguntas nos hacen pensar, nos llevan a otros alcances; lo que preguntamos marca la línea de nuestro pensamiento. Si un grupo de trabajo se pone a trabajar en un proyecto, iniciará con una pregunta.

Si se pregunta, “¿por qué no estamos dando el resultado?”, su pregunta lo llevará a las causas de esa situación. Esto hará a los integrantes excelentes analistas; no necesariamente grandes innovadores. La pregunta por qué nos lleva a razonar. Quizá preguntar sea útil o quizá no lo sea.

Sería distinto preguntarse cómo. Si nuestra pregunta madre es cómo, la misma pregunta está llevando a nuestra mente a buscar soluciones.

No es lo mismo ¿por qué no estamos vendiendo? que ¿cómo vendemos más?

La pregunta cómo es un buen principio.

Si yo pudiera hacer una fórmula para preguntar, diría que para innovar el primer elemento sería la pregunta cómo. El cómo pone a nuestro hámster a pensar en soluciones.

Después, le pondría a mi fórmula el alcance, es decir, hasta qué nivel quiero que llegue mi pregunta. No es lo mismo preguntar, “¿cómo puedo mejorar mi rendimiento?” que “¿cómo me puedo convertir en un referente en mi área de trabajo?”. Mejorar es ambiguo y muy corto, mientras que ser el referente implica sobrepasar los niveles actuales de mi desempeño. No es lo mismo preguntarse, “¿cómo mejoro la resistencia al cambio de mi equipo?” que “¿cómo nos convertimos en una compañía de innovadores?”. Y sería todavía más amplio preguntarnos, “¿cómo nos convertimos en los que marcan la tendencia en la industria?”. Otra manera de verlo es que no es lo mismo plantearse, “ojalá que no me revuelque la ola del mercado” que “quiero ser un surfo que domine la ola” o, mejor aún, “quiero ser el creador de la ola”.

Tenemos, entonces, ya dos elementos importantes. El primero es el cómo, y el segundo, el nivel al que queremos que nuestra pregunta nos lleve; la segunda parte de la pregunta, además de sacarnos del pozo, nos lleva a la cima de la montaña.

Hasta ahí podríamos plantearnos un cuestionamiento interesante, pero, si queremos la pregunta del millón, agreguemos a nuestra fórmula un desafío, el reto que vemos más difícil, lo que nadie se atreve a pensar.

Por ejemplo: ¿cómo nos convertimos en líderes sin aumentar nuestro presupuesto? ¿Cómo revolucionamos la industria del circo sin competir por el precio? ¿Cómo hacemos un supermercado sin marcas? ¿Cómo revolucionamos la educación sin depender de los maestros? o, mi pregunta favorita, “¿cómo lograr mi peso ideal sin utilizar la fuerza de voluntad?”.

Aquí va la fórmula:

CÓMO + NIVEL AL QUE QUIERO LLEGAR + DESAFÍO = PREGUNTA DEL MILLÓN

He visto a muchos equipos invertir tiempo en brain storming, y me gusta decirles que primero hay que invertir tiempo en encontrar la pregunta del millón, ya que, así, la respuesta vendrá a nosotros con o sin brain storming. Porque, mientras los cuerdos buscan respuestas, los locos lanzan preguntas al espacio, y el espacio siempre nos sorprende.

Mi nombre es Jorge Cuevas, y estoy buscando locos.

Consultor creativo de diversas compañías y autor de libros como
Liderazgo quántico y El buscalocos.

Edición: noviembre-diciembre 2013

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