La responsabilidad social

 

Luis Ignacio Castillo Álvarez*

 

¿Cuántas veces hemos pensado todo lo que se puede mejorar en nuestro país? ¡Cómo quisiéramos que México fuera diferente!: mejor. Deseamos que la desigualdad, la corrupción y la violencia que aquejan a nuestro país desaparecieran. Cuántas veces hemos dicho “si yo fuera presidente haría las cosas de tal o cual forma”, “si yo fuera gobernador, el director de la empresa, el funcionario, el sacerdote, etc.”. Queremos grandes cambios en el menor tiempo posible. Pero al final del día todo sigue igual. Tal vez la respuesta a nuestros problemas está justamente en las acciones positivas y contagiosas que se generan día con día. Hoy hablaremos de esas pequeñas cosas que mueven al mundo en el marco de la responsabilidad social.

Gran parte del malestar social que aqueja a nuestro país y al mundo se debe a la cultura del individualismo. Del solo perseguir el beneficio personal y no el colectivo. Si bien nuestro instinto básico es el de luchar por sobrevivir como individuo, nuestra naturaleza humana debe abogar por luchar para que la especie sobreviva, ya que, a fin de cuentas, como raza humana tenemos el deber de preservar este mundo en el que vivimos; sin embargo, también tenemos el poder para destruirlo. Es como la metáfora del barco: da lo mismo si el agua se filtra por la proa o por la popa; al final, si naufraga, todos los marineros se verán afectados. La primera premisa que quiero expresar es la búsqueda del bien común: es el eje rector de la responsabilidad social. Finalmente, todos somos responsables de todos, del mundo en el que vivimos y del que dejaremos a las futuras generaciones.

Hablemos primero de uno de los temas más urgentes que debemos resolver. Reparar el daño que hemos hecho en nuestro planeta a lo largo de los años. Ya ni siquiera hablemos de cuidar y preservar nuestro medioambiente; eso es cosa del pasado. Los cambios climáticos nos demandan actuar y reparar. Las alzas en las temperaturas, el deshielo de nuestros glaciares, las intensas lluvias fuera de temporada son las alertas que nos está mandando la madre naturaleza. Si haces una autoevaluación rápida, ¿te consideras un protector o destructor del medioambiente? Si no reciclas, si malgastas el agua, si abusas en el consumo absurdo del plástico, si propicias incendios, si tiras basura en la calle, eres un destructor del medioambiente. Ya no es suficiente con reciclar; nuestro interés y acción debe ir más allá. También debemos reducir la cantidad de basura que generamos. Según datos del INEGI, el promedio diario de generación de basura por individuo en México es de 770 gramos. Es decir, al día, en México se recolectan 86,343 toneladas de basura. Si puedes reducir, hazlo: llevando tus bolsas al supermercado, minimizando el consumo de envases plásticos, reutilizando. ¿Te imaginas un día en que una gota de agua sea más cara que el oro? ¿Qué pasaría si esto sucediera hoy en día? ¿Tendríamos un consumo responsable del agua? ¿La desperdiciaríamos? ¿Tenemos que llegar al extremo de que algún día no haya suficiente agua potable para beber ni aire limpio que respirar para darnos cuenta de que tenemos injerencia en estos temas y somos responsables todos? La primera ley de la responsabilidad social es ser responsable del medioambiente. Nuestra casa es la Tierra, y antes de que pensemos en mudarnos a otro planeta, cuidemos el que ya tenemos.

La ética juega un papel fundamental en el desarrollo de cualquier comunidad y organización. Sin ética no hay confianza, y por ende cualquier iniciativa tiende al fracaso. La segunda ley de la responsabilidad social es la ética, aplicada a cualquier ámbito: empresa, Gobierno, educación, en los espacios públicos. Las empresas, el Gobierno y las personas deben seguir una guía de actuación que fomente los valores y buenas prácticas. En las organizaciones es conocido como el código de ética. Consiste en una serie de principios que deben ser seguidos incondicionalmente por cualquier miembro de la organización. Este código nos ayuda a interactuar con compañeros, accionistas, proveedores, clientes. Sin embargo, el código por sí mismo es letra muerta sin la existencia de un comité de ética. Este es el que se encarga de que lo que está escrito se lleve a la práctica. Según el índice de competitividad internacional, en 2015 México se encontraba entre los diez países menos competitivos. La corrupción y la impunidad son algunas de las causas que impiden que nuestro país sea mucho más competitivo. Tanto Gobierno, empresa y ciudadano deben tener muy en claro una política anticorrupción. Esta debe girar alrededor de dos principios básicos: el primero es no cometer actos de corrupción, y el segundo, denunciar los actos de corrupción que se lleguen a detectar. La corrupción no solo se da entre la sociedad y el Gobierno; también se da entre cliente-proveedor, ciudadano-ciudadano. El actuar de manera recta propiciará el clima de confianza y transparencia que tanto necesita nuestra comunidad.

El trabajo es nuestra principal fuente de ingreso, y seguramente la actividad a la que más le invertimos tiempo de nuestro día. Podemos ver el trabajo con dos lentes: el primero, el de la obligación, y el segundo, el de la pasión. Dicen que si amas lo que haces nunca tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida. Las empresas y las personas que laboran en ellas deben implementar estrategias de calidad de vida en la empresa y el desarrollo organizacional. La tercera ley de la responsabilidad social es que las horas que vivamos en la empresa sean virtuosas y no monótonas ni desalentadoras. Para eso las organizaciones deben implementar planes de carrera para sus colaboradores, actividades, cursos, certificaciones, capacitaciones y todo aquello que fomente el desarrollo humano. El empresario que invierte en sus colaboradores es el que tendrá a los clientes, socios y proveedores más felices y estables. Todo se trata de servir al prójimo. Que ir al trabajo sea la motivación que nos hace despertar por la mañana es el ideal al que las empresas deben enfocar sus esfuerzos y estrategias. Esto se aplica también para dependencias gubernamentales, empresas paraestatales, escuelas y organizaciones sin fines de lucro. No solo para la industria privada. Si te preguntara, ¿los empleados de Gobierno están motivados?, la respuesta sería no; finalmente, ofrecen servicios a la ciudadanía. Si queremos un mejor Gobierno, ¿por qué no empezar desde el trámite en ventanilla?

Cuando una empresa, Gobierno u organización están vinculados con la comunidad, se nota. ¿Cómo impacta una empresa en la comunidad? Puede ser negativo o positivo. Aquella empresa que contamina no se preocupa por la seguridad y salud de sus trabajadores ni de las personas que están a los alrededores. Definitivamente tiene un impacto negativo en la comunidad. La cuarta ley habla de que las empresas deben tener un impacto positivo en la comunidad. Es decir, no todo es el negocio y hacer billetes, hablando en términos coloquiales. También hay que fortalecer los lazos con nuestras colonias, con las personas que las habitan, conectar para transformar. Pueden generarse miles de ideas que dejen un impacto positivo en la comunidad; es responsabilidad y reto de cada empresa saber qué y cómo hacerlo. Y debe ser convicción de nosotros los ciudadanos participar y suprimir la apatía que de repente es característica en los mexicanos. Desde una reforestación, recuperación de espacios públicos o pintar las banquetas. El objetivo es mejorar física, emocional e intelectualmente nuestra comunidad.

 

Debemos ser estudiantes socialmente responsables, padres de familia socialmente responsables, empresarios socialmente responsables, servidores públicos socialmente responsables. No presumiéndolo a través de la palabra, sino que las acciones hablen por sí mismas.

 

*V. P. RSE Empresarios Jóvenes COPARMEX Jalisco

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