La responsabilidad social empresarial, más allá de lo verde y de la filantropía

 

 

-Se trata de integrar valores sociales a la estrategia de la empresa, y así, además de utilidades, buscar el bien común-

Por Paulina Ángel*

 

Actualmente es común escuchar que una empresa socialmente responsable es aquella que tiene prácticas verdes o, bien, un enfoque filantrópico. En estos términos se limitaría únicamente a la generosidad del negocio y su preocupación por el medioambiente, lo cual es un concepto malentendido e incompleto, pues la responsabilidad social empresarial va más allá de estas dos prácticas aisladas; debe mejorar el desempeño integral de la empresa a través de acciones enfocadas a cuatro pilares esenciales: la ética, la calidad de vida de sus colaboradores, el medioambiente y la vinculación con su comunidad.

Se tiene la idea de que la aplicación de estos lineamientos representa un gasto para la empresa, lo cual es otra concepción errónea, pues resulta a corto plazo en ahorros, eficiencia operativa, mayor productividad, mejor clima laboral, clientes más leales, productos o servicios innovadores y con valores agregados.

El camino es mucho más sencillo de lo que parece, pues existen varias herramientas, metodologías e instituciones que facilitan su implementación. Primero, entendamos un poco la dinámica actual de nuestra sociedad; después, vayamos a las bases para comprender con mayor claridad el alcance de la responsabilidad social, algunos de sus conceptos básicos, la definición de sus cuatro pilares, sus ventajas, los riesgos que conlleva el ser irresponsable y, por último, una guía rápida de cómo empezar.

Por un lado, partiendo de que vivimos en una sociedad dinámica donde las costumbres y prioridades se van transformando día a día, mujeres y hombres desempeñan simultáneamente múltiples roles. Existen una preocupación global por cuidar nuestro planeta, una necesidad de valores sociales que regulen el actuar de cada individuo en todos los roles que desempeña y una búsqueda permanente del balance entre la vida familiar, personal y laboral. Esto hace que las organizaciones requieran adaptarse a dichos cambios para mantener su competitividad y permanecer.

Por otro lado, hoy las empresas se enfrentan a retos como la formación de equipos multigeneracionales, la inclusión y diversidad laboral, el fomento de la creatividad, la innovación y el intraemprendimiento, clientes que buscan productos y servicios personalizados, estructuras organizacionales horizontales, consumo responsable y una competencia que busca quedarse con el mejor talento. Las organizaciones, entonces, están adaptando sus formas de trabajo para retener a ese talento.

Todo lo anterior representa un sinfín de oportunidades para empresarios y directores. Estas tendencias facilitan la eficiencia, la productividad y la diferenciación; sin embargo, si en todos los niveles de la empresa no se impulsa una cultura socialmente responsable, aprovechar estas oportunidades será más difícil.

Dado lo anterior, debemos revisar qué sí es la responsabilidad social empresarial.

 

Conceptos básicos

Según la Norma ISO 26000, la responsabilidad social empresarial (RSE) es la responsabilidad de una organización ante los impactos que sus decisiones y actividades ocasionan en la sociedad y en el medioambiente, mediante un comportamiento ético y transparente que contribuye al desarrollo sostenible.

Así, se define el objetivo de la RSE como la permanencia competitiva de la empresa y de los suyos a través del tiempo. Esto se consigue no solo buscando las utilidades, sino también escuchando las necesidades de su entorno y manteniendo una buena comunicación con sus integrantes. Para que una empresa perdure y consiga un desarrollo económico, social y medioambiental, necesita enfocar su estrategia hacia la sostenibilidad, palabra que, nuevamente, no solo tiene un enfoque hacia el cuidado de los recursos naturales, sino que va mucho más allá de eso: una empresa sustentable tiene “la cualidad de poderse mantener por sí mismo, sin ayuda exterior y sin agotar los recursos disponibles”.

Esto nos recuerda que las empresas no son entidades aisladas, sino que son parte de una sociedad y desempeñan un papel importantísimo en el desarrollo económico de su entorno, y por ello requieren una absoluta empatía hacia todo lo que las rodea, hacia cada persona o institución que tiene un vínculo con ellas.

La RSE nos lleva a cambiar los beneficios unidireccionales por el bienestar común de quienes están relacionados con la empresa. Estos son los llamados grupos de interés, o stakeholders, como colaboradores, clientes, accionistas, proveedores, instituciones de Gobierno, organismos no gubernamentales, medioambiente, entre otros.

Los cuatro pilares de la responsabilidad social empresarial

La ética y la ley son aspectos básicos que las empresas deberían seguir aun sin tener una cultura de RSE. Otras vertientes, como la parte social, económica y medioambiental, por ahora son opcionales, pero seguramente en un plazo no muy distante, la propia dinámica del mercado y de la sociedad las volverá un asunto obligatorio.

Describamos brevemente las cuatro líneas estratégicas de la RSE según el Cemefi (Centro Mexicano para la Filantropía):

  • Ética y gobernabilidad empresarial: Es la moral de la empresa; sienta las bases de relaciones más sólidas mediante principios rectores en la toma de decisiones y sobre la forma en que debe conducirse el negocio.
  • Calidad de vida en la empresa: Son acciones que fomentan un ambiente de trabajo seguro, favorable, incluyente y participativo con bases justas de respeto y de desarrollo humano y profesional.
  • Vinculación con la comunidad: Pilar en el que se identifican y monitorean las expectativas públicas que la comunidad tiene de la empresa para así promover su desarrollo.
  • Cuidado y preservación del medioambiente: Prácticas que promueven la optimización de los recursos naturales y la creación de procesos que eviten desperdicios y contaminación.

 

La responsabilidad social empresarial sustentada en los valores de la empresa y alineada a sus objetivos impulsa el mejoramiento de su posición en relación con sus competidores, pues no todas las empresas tienen esta visión de bienestar común, lo cual nos lleva a hablar de las ventajas de esta forma de hacer negocios.

 

Beneficios de la práctica de la RSE

Para las empresas tradicionales, el único fin es el éxito financiero. Esto puede ser debido al desconocimiento del tema y de los grandes beneficios que las prácticas de RSE rinden a la organización y que promueven su rentabilidad. Algunos de ellos son:

  • Se cuenta con un equipo de trabajo más comprometido, productivo y talentoso.
  • Los proveedores son tratados con dignidad y reciben retroalimentación para dar mejor servicio a la empresa.
  • Los clientes se vuelven más leales, puesto que realmente reciben valor por su dinero, y son atendidos por colaboradores conscientes de que esa satisfacción está directamente relacionada con su propio crecimiento.
  • Las relaciones son más sanas y eficientes con autoridades y vecinos.
  • Hay un uso eficiente de los recursos y reducción de costos operativos.
  • Hay una mejor imagen y reputación empresarial.
  • Añade diferenciación a la marca.
  • La comunidad se siente apoyada y en cualquier momento se puede convertir en un proveedor o cliente.
  • Facilita el acceso a préstamos y subsidios.
  • Los accionistas se sienten orgullosos de su inversión, tanto económica como social.

 

El expresidente de The World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), Bjorn Stigson, decía: “Los negocios no pueden tener éxito en sociedades que fracasan”. Entonces, ser irresponsable puede ser muy costoso. Aquí algunos ejemplos:

  • Fuga de talento: únicamente los mejores atraen a los mejores.
  • Alta rotación: los colaboradores no tienen una motivación que trascienda para estar en su trabajo y no tienen claro dónde está su desarrollo.
  • Clientes insatisfechos y que exigen precios más bajos por el poco valor que perciben.
  • Corrupción, pues se carece de valores, procesos claros, códigos de ética y regulaciones en el comportamiento de quienes forman parte de la empresa.
  • Productos poco innovadores, puesto que si no se cuenta con el personal calificado o no se promueve la innovación mediante estrategias de cuidado al medioambiente, formas de trabajo flexibles y el desarrollo de habilidades, difícilmente surgirá la creatividad.

 

Herramientas y metodologías

Hoy por hoy existen varios sistemas de gestión de la RSE, reportes, distintivos y certificaciones, que facilitan su implementación. A continuación enlistaremos tan solo algunos de ellos:

  • ISO 26000: Es una norma voluntaria e internacional que ofrece una guía para integrar la responsabilidad social y así contribuir al desarrollo sostenible; no es un sistema de gestión y no es certificable.
  • Distintivo Empresa Socialmente Responsable (ESR): Es un reconocimiento otorgado anualmente por el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) y AliaRSE. No es una certificación; es una acreditación a las empresas como organizaciones comprometidas voluntaria y públicamente con una gestión socialmente responsable como parte de su cultura y estrategia de negocio.
  • SA 8000:2014: Una norma voluntaria. Establece ciertos requerimientos enfocados a la mejora de los derechos de los trabajadores, las condiciones del lugar de trabajo y un sistema de gestión efectivo. Se basa en la Declaración y Normas Internacionales de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, los Convenios de la OIT y las leyes nacionales del trabajo.
  • AA 1000: Es una norma internacional voluntaria desarrollada por el Institute of Social and Ethical Accountability, y está diseñada para dar certeza del desempeño sostenible de la empresa (económico, social y ambiental). No otorga ninguna certificación, sino que define criterios en las declaraciones y reportes públicos para así fomentar la transparencia y rendición de cuentas.
  • Pacto Mundial de Naciones Unidas: Es una iniciativa internacional que se enfoca en los diez principios universalmente aceptados para promover la responsabilidad social empresarial. Es un marco práctico para desarrollar, implantar y divulgar políticas y prácticas de sostenibilidad empresarial. Ofrece a sus firmantes recursos y herramientas de gestión para ayudarlos a implementar modelos de negocio y desarrollo sostenible.

Todas se implementan de forma voluntaria; la mayoría son auditables y solo algunas son certificables.

Pero ¿cómo empezar en la responsabilidad social empresarial?

Es sencillo: de hecho, un alto porcentaje de las empresas ya tienen avances en este tipo de prácticas, pero no lo saben. Podemos decir de manera generalizada que los pasos serían los siguientes:

 

  • Es indispensable un compromiso por parte de la Dirección que permee hacia todos los niveles un verdadero interés hacia la RSE.
  • Hacer un autodiagnóstico que permitirá definir objetivos basados en la estrategia del negocio y en las necesidades de los diferentes grupos con los que la empresa se relaciona.
  • Diseñar un plan de implementación de la RSE con acciones, responsables y tiempos de entrega que incluya la documentación de políticas, procesos, códigos y reglamentos. En caso de que la empresa cuente con algún otro sistema de gestión, se buscará la integración entre este y la RSE.
  • Comunicar a todo el personal el comienzo de este nuevo proyecto y de esta nueva cultura.
  • Seguimiento, documentación, medición y comunicación de los avances en la ejecución del plan de acción.

 

Esto variará dependiendo del mecanismo de implementación de la RSE que se elija seguir, y en caso de que se requiera ayuda, se puede acudir a varios organismos expertos en la materia, que brindan información, cursos, asesoría y acompañamiento, como, por ejemplo, Red Activo Sustentable, CRV, Fundación Expo Guadalajara y Coparmex Jalisco.

Es, entonces, la responsabilidad social empresarial una cultura más allá de lo verde y de la filantropía, que incluye además la ética, la vinculación con la comunidad y la calidad de vida en la empresa. Es un elemento clave en la consolidación del negocio y de la sociedad al integrar las expectativas de todos aquellos que se relacionan con la organización.

De esta manera la empresa se convierte en un motor del desarrollo social sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras, buscando el bien común y fomentando en su entorno valores sociales que cambian la realidad de nuestra comunidad y resultan en negocios más competitivos y en la maximización de sus utilidades.

*Integrante del Comité RSE de Coparmex y gerente de Comunicación y RSE en DAMSA

Bibliografía:

http://www.pactomundial.org/global-compact/

http://www.iso.org/

http://www.sa-intl.org/

http://www.cemefi.org/

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