Las infinitas posibilidades del vacío

Dimitri Limberópulos

El vacío (o vacuidad) es un tema que ha fascinado a científicos, poetas, filósofos, y ahora empresarios, desde las primeras eras del tiempo. Casi todas las religiones manejan el concepto de que las cosas en si tal y como las conocemos están vacías. Sin embargo ¿a qué se refieren con esto? Intentemos analizarlo.

Imaginemos que vemos todos una silla y les pregunto ¿es esa silla inherentemente bonita o fea? Es decir, ¿es posible que la silla sea bonita para todos y fea para todos? Como sabemos la respuesta es no. Lo que hace bonita o fea una silla o una persona es la percepción que tenemos de ella. Lo mismo que una persona puede juzgar un acto de bueno otra persona lo puede juzgar de malo. Ningún acto, ni objeto ni persona tienen una propiedad por si mismos. Nadie es alto (alto comparado contra que, ¿es alto un humano a una lado de una montaña?) ni bajo ni bueno ni malo.

Somos cada uno de nosotros los que le adjudicamos propiedades a los objetos que observamos. Es por eso que se dice que todo está vacío, porque somos nosotros los que llenamos al objeto con nuestros juicios. Si algo fuera totalmente bueno o bonito entonces todos tendríamos que verlo así. Como cada quién lo interpreta a su manera, esto significa que el objeto en si está vacío.

El que las cosas sean vacías por si mismas es maravilloso, porque significa que cada uno de nosotros tiene el poder de interpretarlo como mejor nos parezca. ¡Es decir, sin que la cosa (acto, persona, etc) cambie físicamente, nosotros podemos cambiarlo a través de nuestra mente! Esto significa que es posible que el día de ayer viera al tráfico como algo maligno, horroroso y desesperante que hay que erradicar del planeta tierra. Y que sin embargo el día de hoy puedo ver ese mismo tráfico como una oportunidad excelente para escuchar un cd de música y estar feliz por ello.

La decisión depende completa y absolutamente de mí.

El que las personas y los objetos están vacíos significa que siempre en cada instante existen infinitas posibilidades. Soy yo, la persona, la que materializo esas propiedades a través de mi mente. Es por eso que un café de Starbucks puede costar $55 mientras que un café de mejor calidad puede costar $15 en la tiendita de al lado. Visto desde este ángulo, el vacío es lo que llena el mundo de posibilidades.

Director general Sumie Ideas

Edición: julio-agosto 2013

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