¡No critiques!: piensa; luego actúa

Jaime Moreno

Hoy es muy común criticar sin proponer, pero es más común actuar sin antes pensar, lo que debería ser inverso; es decir, primero pensar analizando, y luego actuar.

Las repercusiones en nuestros distintos entornos —personales, laborales, empresariales, sociales, políticos— resultantes de actuar con atrevimiento y de manera irreflexiva pueden llegar a ser graves. Esto suele suceder tanto en al ámbito privado como dentro de la función pública. Desde luego que son más visibles los desaciertos de los funcionarios públicos, precisamente porque son sujetos de la vida pública, pero al final todo ser humano, público o privado, es responsable de las consecuencias de sus propios actos.

Nos encontramos influenciados por regímenes que se encargan de la “creación de la opinión pública”, y, con base en dicha información inducida, entonces pronunciamos nuestra propia opinión. Nuestras opiniones sobre “opiniones creadas” son resultado de estudios encargados por grupos de poder sobre regularidades innegables que permiten anticipar fenómenos sociales, tal como el resultado determinado de una elección popular.

Estos estudios de las opiniones son cualitativos y cuantitativos, y suelen reflejar el comportamiento humano de cierta población. Son elaborados mediante encuestas y sondeos de la opinión pública, y se conocen como demoscopias. Así como lo oyen: en todo el planeta Tierra existen fuerzas fácticas, grupos de poder, que se encargan de manipular nuestro propio concepto de verdad. Desde los años cincuenta, la televisión supone un medio ideal para crear una cultura masiva a través de la cual se puede controlar y conformar la opinión pública, de modo que toda una sociedad acaba pensando lo mismo. Recuerdo claramente el día de los ataques perpetrados a las Torres Gemelas en la Gran Manzana, Nueva York, el 11 de septiembre del 2001: a solo un par de horas después del avionazo sobre la segunda torre del Word Trade Center, las principales cadenas de televisión estadounidenses sugerían en sus grandes pantallas colocadas en los imponentes edificios de Times Square, en la intersección de Broadway y la Séptima Avenida, que el mundo árabe festejaba estremecido por la caída de la insignia de poder económico americano. No olvido las imágenes en las calles de hombres y mujeres de todas las razas, todos furiosos, clamando venganza.

Invariablemente en las reuniones sociales y laborales, mítines ciudadanos y religiosos, clubes deportivos, incluso en el hogar, escuchamos críticas, preguntas, cuestionamientos y, en general, descontento con la clase política que nos gobierna. La gente pregunta, ¿qué podemos hacer ante tanta corrupción irracional de nuestros gobernantes y políticos?, ¿qué actitud debemos adoptar?, ¿cómo debo elegir a mi candidato para que no sea igual al actual?

Para responder necesitamos agrupar a los think tanks para conformar el “Club Bilderberg local”, no como un grupo de poder sino como un club de diálogo, debate y reflexión orientado hacia asuntos estratégicos de los principales temas económicos y sociales que resulte en políticas públicas para su aplicación en diferentes ámbitos. Los think tanks (tanques de ideas) son laboratorios de pensamientos e ideas que surgieron originalmente con el propósito de introducir los nuevos conocimientos de las ciencias sociales en la gestión de los asuntos públicos.

Diciembre 2011

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