economia 2015 Ana Elvira Reyes Rodríguez*

 

Como podemos recordar, a inicios del 2014, después de la aprobación de las reformas estructurales —las cuales han sido reconocidas al Gobierno actual por parte de múltiples organismos internacionales—, se auguraba un cambio positivo en el país, el cual llevaría a México hacia un mayor crecimiento económico.

Debido a esto, la expectativa de crecimiento por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para el 2014 comenzó siendo de 3.9 por ciento, pero con el paso de los meses, esta cifra se vio afectada por varios recortes.

A finales del año, el Banco de México hizo un recorte en el mes de noviembre para la expectativa de crecimiento del 2014, que llegó a parar en un rango de 2 por ciento, 2.5 por ciento; esto después de que el Banco Central del Estados Unidos, la FED, no mostrara señales de un alza en las tasas de interés para el 2015.

Ante esto, y debido al lento crecimiento de la economía del país en los primeros nueve meses del año, la SHCP redujo de igual manera su expectativa de crecimiento a un rango de 2.1 por ciento, a 2.6 por ciento.

Las reducciones de la expectativa de crecimiento se fueron dando, en gran medida, debido a la ineficiencia de la reforma hacendaria, la cual en lugar de incrementar el dinamismo económico, así como las empresas formales, representó todo lo contrario. La eliminación del régimen de pequeños contribuyentes (REPECOS) y su paso al régimen de incorporación fiscal (RIF) ahuyentó a las mipymes que de alguna manera estaban cautivas anteriormente, pues no pudieron ser capaces de acatar las nuevas regulaciones fiscales que trajo consigo la reforma.

Todo esto, sumado a los casos de inseguridad e inestabilidad económica, así como la desconfianza del consumidor y la incertidumbre para los inversionistas nacionales e internacionales fueron algunos causantes de que no se alcanzara la expectativa inicial del producto interno bruto (PIB) que se esperaba para el 2014.

En el 2015, la expectativa de crecimiento económico que estima la SHCP es del 3.7 por ciento; sin embargo, debemos considerar que México, al ser un país dependiente de la economía de otros países, principalmente de Estados Unidos (por ser nuestro principal socio comercial), queda a expensas de su recuperación económica. Esta recuperación, pese a que aún es incierta, sin duda definirá la demanda de bienes y servicios, y, por consecuencia, las exportaciones de México.

Para contrarrestar los efectos negativos que pueda traer dicha dependencia económica, es necesaria la creación de políticas públicas integrales que incentiven a la sociedad hacia la reactivación del consumo para un mayor dinamismo del mercado interno. Cuanto más independiente sea la economía del país, menos nos veremos afectados por comportamientos externos.

Pero, además de esto, ¿qué nos espera en este año? La SHCP tenía previsto un crecimiento de 3.7 por ciento, pero como consecuencia de los recortes a la expectativa del PIB que se dieron el año pasado, esta cifra también se vio afectada, y fue reducida a un rango de entre 3.2 por ciento y 4.2 por ciento.

La disminución del precio del petróleo de exportación, las fuertes presiones al tipo de cambio del peso ante el dólar que presenciamos el año pasado, el aumento de la deuda pública del Gobierno, así como los problemas sociales —como la inseguridad— que nos persiguen son otros puntos negativos que pueden influir en la economía nacional a lo largo de este 2015.

En México tenemos que dejar de depender de la estabilidad económica de otros países y comenzar por generar nuestro propio crecimiento a través del consumo interno. Somos una nación con una enorme riqueza en materia prima, pero debemos aprovechar el campo de oportunidad en la implementación de tecnologías y capacitación del capital humano que potencialice nuestras aptitudes.

Además de la necesidad de menor dependencia con otras economías, es posible que en la medida en que se implementen correctamente las reformas estructurales se puedan tener efectos positivos graduales en el crecimiento económico de México, y podría esperarse que a partir de 2016 se den intervalos de tasas de crecimiento mayores a las que hemos tenido.

En materia de energía, con la aprobación de la reforma correspondiente se abre una oportunidad para atraer inversión e incrementar la generación de empleo, aun cuando se espera que los efectos se vuelvan tangibles para los mexicanos hasta dentro de un par de años.

Por otro lado, los analistas pronostican que algunas economías emergentes, como Brasil y China, se vean debilitadas en este año, situación que México puede aprovechar para posicionarse en mercados internacionales y captar mayores inversiones.

Aunque lo anterior puede beneficiar a México indirectamente, lo importante es no quedarnos a la espera de lo que suceda en el exterior, sino comenzar por reactivar la economía nosotros mismos, sin dejar de lado que en la manera en que esto suceda, los mexicanos también seremos beneficiados con mejores condiciones de vida.

El cambio en México se logrará mediante la suma de acciones individuales y colectivas en pro del crecimiento económico.

 

*Analista económica de Coparmex Jalisco.

 

 

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