Reconstruir la confianza

 

Isabel Sepúlveda

 

 La confianza en las instituciones son los cimientos de un Estado de derecho eficaz. Lorenzo Córdova Vianello Consejero presidente Instituto Nacional Electoral (INE)

 

Cualquier tipo de relación entre seres humanos implica negociar, sobre todo, en los momentos de crisis. Emprender, negociar, confiar, equilibrar, acordar, trabajar, cumplir. En el centro de cualquier negociación está la confianza. El entendimiento, la fluidez y la satisfacción mutua en cada trato serán mejores cuando hay confianza entre las partes. Confianza es sinónimo de seguridad; con ella comienza de buena forma una relación, un negocio, una amistad, un contrato social, y es indispensable para mantenerlos. 

Hoy, México atraviesa por una etapa difícil. La confianza en el Gobierno ha bajado a niveles delicados. La clase política no ha sabido o no ha querido resolver los problemas estructurales de fondo que han llevado a esta crisis. Esto ha provocado que la corrupción e impunidad se expandan en los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y en los tres niveles de gobierno, federal, estatal y municipal.

La apatía y el escepticismo crecen entre los ciudadanos, y han creado en la población un clima de desconfianza en la autoridad, especialmente en las instituciones encargadas de la procuración de justicia. La población reduce cada vez más su círculo de confianza, mientras aumenta su desencanto en la democracia e indignación ante la voracidad económica de los gobernantes y su tendencia a encubrirse entre ellos cuando violan leyes y reglamentos.

El sector empresarial organizado ha reconocido su parte de responsabilidad en la corrupción y está dispuesto a ser parte de la solución. El documento Código de Integridad y Ética contiene doce principios de ética y transparencia para prevenir y eliminar actos de corrupción en empresas de todos tamaños y sectores. Además, nos propone emprender unidos una estrategia congruente de integridad y compromiso social a favor de un México libre de corrupción, cáncer social que a todos afecta.

El Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México, realizado en 2014 por el Instituto Nacional Electoral en colaboración con el Colegio de México, en su apartado “Confianza interpersonal e institucional” revela el bajo nivel de confianza de los ciudadanos en las instituciones y organizaciones políticas y civiles.

  

Estas cifras, en comparación con las arrojadas en la última medición efectuada en 2010, muestran que, en términos generales, el índice de confianza ha caído por lo menos 15 puntos porcentuales: 

  • El Ejército tenía el 72 por ciento; bajó al 62 por ciento.
  • El Gobierno federal, cayó del 59 por ciento al 36 por ciento.
  • En medios de comunicación el porcentaje pasó del 61 por ciento al 32 por ciento.
  • La Policía descendió de 36 por ciento a 22 por ciento.
  • Los partidos políticos cayeron 16 puntos: del 35 por ciento al 19 por ciento de la población que dijo confiar “mucho o algo en ellos”.

En la actual encuesta, el 66 por ciento declaró que las leyes se respetan poco o nada, por lo que el 63 por ciento que había sido víctima de un delito decidió no denunciar por considerarlo algo inútil. Tampoco las organizaciones no gubernamentales salen bien libradas en esta investigación de nivel de confianza ciudadana:

  • Organizaciones no gubernamentales: 34 por ciento de confianza.
  • Instituciones contra adicciones: 32 por ciento.
  • Juntas de colonos: 32 por ciento.
  • Empresarios: 27 por ciento de los mexicanos confía en ellos.

Y el dato más desalentador: siete de cada diez ciudadanos piensa que no se puede confiar en la mayoría de las personas. Esto nos habla de unas instituciones poco sólidas y una ciudadanía altamente desconfiada. No podemos ni debemos continuar en esta espiral descendente.

 

Las espirales de la confianza

Las crisis, se ha demostrado una y otra vez, sirven para sacar lo mejor del ser humano: creatividad, inteligencia, esfuerzo, valor, solidaridad. Para Francis Fukuyama, la confianza es la expectativa que surge dentro de una comunidad de comportamiento normal, honesto y cooperativo, basada en normas comunes, compartidas por todos los miembros de dicha comunidad. Estas “normas comunes” son el conjunto de valores o normas informales, compartidas entre los miembros de un grupo, que permiten la cooperación entre estos. Así, en sociedades o en sectores de ellas en donde prevalece la confianza, se desarrolla el capital social.

Cuando estas normas no se respetan, no hay comunidad, mucho menos paz y gobierno. Prevalece la desconfianza más radical. Así llega la barbarie, y el más salvaje impone sus reglas. Esto pasa en varias zonas del país. No queremos que esta situación crezca y se extienda más. Necesitamos reconstruir la confianza. ¿Cómo hacerlo? 

Los elementos básicos de la confianza son honestidad, sinceridad, integridad, credibilidad y reciprocidad. Para conservarla, se deben respetar de forma continua dichos elementos. La confianza en sí no es ni buena ni mala; como toda acción humana, depende de la intención y el objetivo. Todos nacemos con una confianza automática, primaria, total. Las experiencias infantiles dolorosas nos hacen conocer la desconfianza, que puede ser positiva o negativa, según como la utilicemos 

En su lado positivo se llama cautela. Prudencia que nos permite ser realistas, aprender a poner y respetar límites —propios y de los demás—, y estar conscientes de los alcances y limitaciones de los compromisos adquiridos o por adquirir. En su lado negativo, la desconfianza se vuelve sinónimo de miedo, resentimiento y parálisis. La persona se conduce con excesivo temor y un continuo rechazo al acercamiento de los otros, lo cual le impide establecer relaciones duraderas o satisfactorias, de cualquier tipo. 

La construcción de la confianza se da a través de tres fases de la comunicación:

  • La primera incluye la escucha activa (con atención y sin reservas). Para lograrla, es preciso la concentración en el otro para percibir de manera sensible sus temores, necesidades y propuestas.
  • En la segunda fase es necesario eliminar la sensación de estar en una situación amenazante, a través de un comportamiento congruente entre lo que se propone y lo que se hace. Esto reduce la incertidumbre y aumenta la confianza en uno mismo y en los demás.
  • La tercera fase requiere fortalecer la seguridad en uno mismo, como elemento que aumenta la capacidad de construir confianza. Esto implica la realización de tareas que puedan ser llevadas a cabo con éxito, saber ceder competencias, así como hacer explícito el reconocimiento al éxito de los demás.
  •  La pérdida de confianza sucede cuando no se presta atención a los principios que la mantienen. Así, los tres procesos de destrucción de confianza son:
  • El deterioro de una comunicación confiable: referencia demasiado frecuente a uno mismo, imposición de un solo punto de vista, poca o nula coordinación entre las decisiones tomadas y su implementación.
  • La elección de acciones amenazantes: demasiados consejos e indicaciones o la falta de ellos, lo cual conduce a la inseguridad y desorientación; implementación de solo aquello que favorece a una parte de la negociación, sin tomar en cuenta lo acordado; elogios que caen en la adulación; falta de respuestas o contestaciones parciales.
  •  Ruptura de confianza intencionada: actuar con cinismo y menosprecio de las capacidades del otro, generalizar el desamparo creciente y la pasividad sin dar contexto ni argumentos. 

La desconfianza constante, sistémica, conduce al escepticismo, a la parálisis, al caos, a la no-relación y, en consecuencia, a la fragmentación del personal en una empresa y de la sociedad en una población. Esto lleva a una individualización exagerada en la toma de decisiones. 

El lado negativo de la desconfianza en las empresas y en el Gobierno impide cualquier acción, o torna tan lenta su ejecución, que termina por retrasar los beneficios. Y, cuando finalmente se actúa, ya es muy tarde porque se ha agravado el problema que se pretendía solucionar o han surgido otros derivados de la tardanza en su resolución. 

Por eso, para sobrevivir, la humanidad ha tenido que aprender a confiar en el otro. La espiral ascendente de la confianza es una construida de manera consciente, reflexiva, constante y flexible hasta los límites que no afecten a la persona o a la sociedad de manera terminante o fatal.


Para romper la inercia de la desconfianza son necesarios tres factores:

  • Transparencia: para superar la opacidad del entorno, asumir una actitud congruente y dar paso a la rendición de cuentas.
  • Imparcialidad: para resolver las disputas y los empates entre los involucrados, y sus interpretaciones sobre un tema común. Para ello es necesario un árbitro independiente de la empresa o institución, o la conformación de comités colegiados integrados por las partes del conflicto.
  • Control: que cubre, a partir de procedimientos objetivos y transparentes, áreas o actividades riesgosas o susceptibles de ser incumplidas.

A su vez, para la construcción y la consolidación de las relaciones de confianza, es indispensable acordar los niveles de acceso de los actores involucrados a los procesos de toma de decisiones. A mayor nivel de decisión, menor número de representantes de cada área involucrada, siempre y cuando se ascienda cada nivel con acuerdos que sean respetados en todas las etapas de la negociación.  

Esto con frecuencia lleva a la elaboración de nuevas reglas y organismos destinados a propiciar un ambiente de confianza, en donde al igual todos los interesados o afectados estén representados y sean tomados en cuenta.

De esta forma, se fomenta la corresponsabilidad, en la que cada sector o persona garantiza y respeta su parte en los acuerdos. Esto es un medio para acabar con la opacidad y desconfianza en los procesos, además de que significa un nivel mayor de participación que el simple acceso a la información.

Para que la etapa de construcción de relaciones de confianza dé lugar a su consolidación es necesario:

  • que los recursos y mediaciones utilizados hayan permitido desmontar los focos de desconfianza;
  • que los actores tengan una valoración positiva del proceso;
  • que los beneficios de las medidas acordadas y las acciones implementadas sean compartidos de forma justa;
  • que las medidas para recuperar y mantener la confianza sean constantes, y se conviertan en parte fundamental del funcionamiento de la empresa o institución;
  • que se mantenga una estrategia continua que evite el resurgimiento de la desconfianza. 

 

"Que nunca llegue el rumor de la discordia" Teatro Degollado, inscripción en el frontón de entrada.

 El recelo entre los mexicanos es producto de la corrupción y la impunidad. Somos conscientes de que estos son los problemas de raíz, y dan origen a la injusticia e inseguridad en todas las áreas. Hoy tenemos la oportunidad de remontar este lastre que no nos permite seguir creciendo y mejorar la calidad de vida. Hay interés en los tres sectores, Gobierno, empresarios y población en general, para ponernos de acuerdo en las actitudes y medios para erradicar este cáncer social. Pongámoslas en práctica con voluntad y constancia. Demos nuestro mayor esfuerzo para recuperar la confianza entre los mexicanos, en México, y así, de nuevo, salir adelante.

 

 

Bibliografía:

Instituto Federal Electoral (INE), Informe País Sobre la Calidad de la Ciudadanía en México, México, 1.ª edición, 2014.

Francis, Fukuyama, Confianza, Buenos Aires, Atlántida, 1996.

Felipe Hevia de la Jara, ¿Cómo construir confianza? Hacia una definición relacional de la confianza social. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, IFAI, 2006.

Franz Petermann, Psicología de la confianza, Barcelona, Herder, 1999 (1996).

Noemí Luján Ponce, La construcción de confianza política. México, Instituto Federal Electoral, 1.ª edición, 1999.

 

Share
  • bigbang.jpg
  • cklass.jpg
  • tierra-armonia.jpg