Si China pudo, ¿por qué México no?

Paulina Contreras y Ana Elvira Reyes

La crisis del 2008 trajo importantes caídas, e incluso contracciones, en los respectivos niveles de producción de muchos países. Una excepción es el caso de China, que, a pesar de aminorar el ritmo, siguió creciendo a gran escala.

Para ser precisos, la crisis de ese año (de la cual Estados Unidos no ha logrado salir completamente) no fue realmente un dolor de cabeza para el gigante asiático, ya que no dejó de ser el país con mayor crecimiento económico. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), China tuvo una caída en su PIB del 4.8 %. Se vio afectada principalmente por la disminución de sus exportaciones, al tener a su mayor consumidor hundido en sus propios errores.

Para poder controlar esta situación, China aplicó medidas expansivas en un paquete de estímulo fiscal, en el que se redujeron impuestos y se ampliaron los créditos al sector de exportaciones. Además, hubo un incremento en gastos en infraestructura, construcción y sector inmobiliario.

Aún en pleno auge de la crisis, China tuvo casi el doble de crecimiento en su producto interno bruto que lo que México ha logrado en su mejor año de la última década (5.3 % en el 2010).

Entonces, ¿qué hizo China que México no ha sabido hacer? ¿Podemos imitarla? Al inicio, China entendió que debía modernizarse y dar paso a la globalización; pero, después, se dio cuenta de que esto no era suficiente, y que de poco le serviría crecer ficticiamente con base en su mercado externo.

China se enfocó en fortalecer el mercado interno apoyando a sus pequeñas y medianas empresas. Impulsó las escuelas tecnológicas y universidades; creó un sistema de seguridad social universal que, a diferencia del nuestro, tiene mejor tecnología y está dotado de las medicinas necesarias; se enfoca en construir infraestructura de gran calado, y promueve las asociaciones público-privadas.

China se ha dado a la tarea de generar riqueza, pero también distribuirla; además, centró su combate a la pobreza con empleos estables y bien remunerados, no solo con apoyos asistenciales.

México debe aprender que el objetivo no es solo crecer, sino generar desarrollo sostenido, y eso únicamente se logra cuando se impulsa al mercado interno.

Queda claro que el mundo se desacelera nuevamente; México debe dejar de mirar únicamente hacia fuera y debe trasladar esfuerzos hacia dentro; y como dicen por ahí, lo demás vendrá por añadidura.

Edición: julio-agosto 2013

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