Tu empresa tu espejo

Jorge Cuevas

Alma le dice a Marco entre traguito y traguito:

—El problema de mi empresa es que mis colaboradores no se comprometen al 100, no se la juegan. Hacen su trabajo, pero no dan el extra para que las cosas sucedan, ¿me entiendes?

—Claro que lo entiendo. Pero la pregunta importante aquí, no es cómo son tus colaboradores, sino cómo has logrado contratar a un equipo que no está al 100 contigo, ¿cachas lo que quiero decir?

—No sé, no me convence, porque mira, Marco… Así es la gente… He tenido rotación y siempre me vuelve a pasar lo mismo. La gente no se compromete, la gente no quiere trabajar, ¿qué puedo hacer yo?

— ¿Quieres que te lo diga? ¿De veras no te agüitas?

—No, no me agüito.

—Pues no puedes crecer, si no aceptas algo…

— ¿De qué hablas?

—Qué no hay casualidades, tu empresa es un reflejo de ti misma. De alguna forma que quizá te resulte inexplicable, consciente o inconscientemente has construido la estructura, contratado a la gente y generado una organización que termina siendo un reflejo de ti misma y por lo tanto si tú evolucionas, tu empresa también lo hace.

— ¿Cómo el libro de Tu hijo tu espejo? ¿No crees?

—Igualito. A fin de cuentas tu empresa es también tu hijo. Haz la comparación: Algunos tienen hijos jóvenes que hay que educar, encaminar y ayudarles a definirse, o sea, institucionalizarse. Otros hijos son bebés a los que hay que cuidar y mantenerlos hasta que puedan caminar por sí mismos. Otros hijos ya son adultos, son independientes y vuelan solos. ¿En qué etapa crees que está tu empresa?

—En la torre, es un adolescente, impetuoso, pero que de pronto no sabe lo que quiere, un día vuela a un lado y otro cambia radicalmente y sin avisar.

—Estoy de acuerdo, ¿no te parece que es difícil que tu equipo esté comprometido cuando en tu empresa no está claro hacía donde van?

—Quizá, incluso a veces he pensado que esta industria es tan noble que ha aguantado malas decisiones.

—Bueno Alma, pero no te culpes por las malas decisiones. NO hay un empresario que no haya tomado una mala decisión. La diferencia la hace que algunos hemos aprendido de nuestros errores y otros le han echado la culpa al personal y a quien se deje, ¿no crees? Es que la competencia, es que el mercado, es que mi socio, ¡es que mi madre! Eso es “esquesofrenia” que se define como la capacidad de culpar a las circunstancia en vez de aprender de los errores.

—A veces nos da el síndrome de José Alfredo Jiménez, “nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores”

—Si mejor le hacemos al Armando Manzanero y ese día cantamos junto con nuestros socios y equipos “Contigo aprendí que existen nuevas y mejores estrategias”, porque ya en serio Marco, lo que me parece importante de lo que me has dicho es que no puedo ver de nuevo a mi empresa como algo ajeno a mí. Mi empresa habla de mi fuerza, de mi iniciativa, de mi energía, y eso me llena de orgullo. Ahora veo que también mi empresa habla de mi dificultad para ser clara y de mi falta de cercanía. Ese es mi reto.

—Eso es una gran noticia Alma. Porque quiere decir que lo más importante hoy no es lo que tu equipo está haciendo, sino que tú seas más clara y más cercana. Si tú cambias, tu empresa cambia.

Creador de Liderazgo Quántico y autor del Buscalocos.

Edición: marzo-abril 2013

Share
  • Anunciate-aqui-01.jpg
  • Unete-a-coparmex-01.jpg
  • bigbang.jpg
  • cklass.jpg
  • tierra-armonia.jpg