Un año de cambios

Un año de cambios

 

Ana Elvira Reyes Rodríguez*

 

Este año ha sido decisivo para determinar el rumbo que tomará México; un año lleno de cambios y toma de decisiones que sin duda impactarán en la economía nacional a futuro, algunos de los cuales ya lo están haciendo.

Todos recordarán que en el 2014 se concluyó la aprobación de las reformas estructurales impulsadas por nuestro actual presidente de la república.

Hasta el momento, organismos y figuras internacionales han aplaudido las reformas aprobadas en México, y sus expectativas para nuestro país han mejorado. Si las decisiones fueron acertadas o no será algo que se podrá discutir a su tiempo, cuando las reformas comiencen a ser aplicadas y sus efectos sean tangibles para los mexicanos.

Reformas como la de competencia económica, la de telecomunicaciones, la hacendaria, la financiera y la energética buscan posicionar a México en el ámbito internacional, atraer inversionistas extranjeros y tener un impacto positivo en los bolsillos de la sociedad.

La reforma hacendaria, una de las reformas que ya está en aplicación desde este año, ha sido una de las más controversiales hasta el momento, ya que con el paso de los meses, hemos notado que quizá no era el tipo de reforma que México necesitaba. La razón es que lejos de impulsar el sector formal, ha alejado a las micro y pequeñas empresas que integraban el régimen de pequeños contribuyentes (REPECOS), en lugar de motivarlas a migrar al régimen de incorporación fiscal (RIF), sobre todo debido a la dificultad y exigencias que implica el pago de impuestos para este tipo de empresas.

Lo ideal es que el Gobierno cree programas de apoyo y se brinden facilidades para que estas empresas, que son el pilar de la economía mexicana, no migren a la informalidad.

Por otro lado, la reforma energética también ha sido de las más sonadas desde el año pasado, y en los próximos años dará mucho más de que hablar, entre otras cosas, debido a la incertidumbre y especulaciones que se han creado en torno a ella, aunque no está de más recordar que su impacto se verá reflejado en el mediano y largo plazo.

Si bien es cierto que han sido muchos los cambios para la dinámica en la economía de México, era momento de que se hicieran. Nuestro país se está quedando rezagado internacionalmente; es tiempo de que se dejen atrás las prácticas que se hicieron durante años y no rindieron frutos.

El éxito de las reformas estructurales radicará, sin duda, en la mecánica de las leyes secundarias, que determinan a fondo las reglas del juego para alcanzar el objetivo final —el cual gira principalmente en torno a lograr un crecimiento sostenido con mejores oportunidades para la sociedad—, que puedan traducirse en desarrollo económico para México.

El 2015 debe de ser recordado por marcar el inicio de la correcta aplicación de las reformas estructurales y la consolidación de una de las primeras reformas aprobadas en este sexenio: la educativa, a la cual a muchos les ha costado trabajo adaptarse.

Sin duda, ningún cambio es malo si va dirigido hacia un fin colectivo con un beneficio tanto para la sociedad como para México en general, pero no debemos dejar de lado la raíz de nuestros males, y que necesita atacarse: me refiero al nivel educativo de México.

La educación es una variable determinante de los demás factores que mueven a un país; es lo que se está cosechando en los jóvenes que serán el futuro de México, quienes serán los actores principales de estas reformas y sus resultados.

No nos desviemos del camino que debemos seguir; para lograr la transformación de México es necesario modificar aspectos desde abajo, y el más básico es la educación.

Cosechemos en nuestra economía y nuestros jóvenes los frutos del cambio.

 

*Analista económica de Coparmex Jalisco.

 

 

 

 

 

 

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