Una decisión de vida

Rafael Calbet*

La vida es, queramos o no, un permanente viaje de autoaprendizaje. Todos nacemos torpes y vamos aprendiendo a partir de nuestras experiencias. Pero esas experiencias van generando en nosotros emociones, sensaciones y pensamientos que nos van a ir condicionando la forma de vivir las experiencias futuras.

Construimos cada día lo que somos a partir de estos tres elementos básicos: las experiencias, los pensamientos y las emociones. Sabemos que las experiencias pasadas no las podemos cambiar, pero sí los pensamientos y emociones asociadas a ellas. Y eso es lo que nos permite decidir la mirada y la actitud frente a las vivencias que nos quedan por vivir. Tomar, la decisión de aceptarnos como aprendices permanentes nos va a permitir extraer lecciones de cada situación, y sentir que siempre crecemos y avanzamos, independientemente del tipo de experiencias que nos encontramos en la vida.

 Por el contrario, querer ser considerado maestro, supone la pretensión de que, con lo ya aprendido y sabido, aunque sea solo a nivel teórico, tenemos las respuestas para explicar los eventos pasados y afrontar los futuros. Y no solo los nuestros, sino también los ajenos. Nuestra actitud interna y nuestra posición vital es, en este caso, la de enseñar, mostrar a otros el camino, lo que se supone que deben hacer, porque pensamos que nosotros tenemos ya todas las respuestas cuando las cosas no se dan como estaban previstas en las explicaciones del maestro, será porque algo o alguien tiene la culpa. Estas personas viven en permanente contradicción y emocionalmente confrontadas, pues es frecuente que las cosas no sucedan como ellos tiene  previsto.

El aprendiz pone en duda sus certezas y saberes para hacerse nuevas preguntas que le lleven a nuevos caminos. El pensamiento analítico, que profundiza en los hechos, y el pensamiento convergente, con el que tomamos decisiones, necesitan en medio un buen manejo del pensamiento divergente, que es el encargado de buscar nuevas opciones, nuevos caminos, a base de hacerse nuevas preguntas.

 La posición del aprendiz está caracterizada por tener más preguntas que respuestas. Tiene la humildad de aceptar el saber ajeno cuando es mejor que el suyo, sin sentirse inferior por ello. Por eso, busca, indaga y encuentra siempre nuevos caminos, nuevos aprendizajes, que convierten a cada experiencia en una oportunidad de aprendizaje nuevo, de crecimiento personal.

Por todo ello, la decisión de aceptarnos como seres en permanente aprendizaje resulta ser una decisión vital para afrontar cada día con la emoción de aprender algo nuevo que nos conduzca siempre hacia mayores cotas de felicidad y eficiencia, hacia un mejor vivir, que es lo realmente importante.                                                                                                                                                     

*Autor del libro Maestros o aprendices

Mayo 2012

Share
  • bigbang.jpg
  • cklass.jpg
  • tierra-armonia.jpg