Uso y abuso de mayúsculas: ¿Qué tanto sabemos de ellas?

María Luisa Peña Díaz Cortés

Es muy común encontrarnos con un uso indiscriminado de mayúsculas en todo tipo de escritos: artículos, mensajes de correo electrónico, cartas, folletos promocionales, etcétera.Ante este fenómeno, decidimos escribir este artículo para que, sin ser una guía exhaustiva, ayude a los lectores a tener una mejor idea de cuándo es lícito el uso de las mayúsculas en español.

Vamos ahora a analizar brevemente esas tres reglas que nos aprendimos hace ya algunos ayeres.

1. Se escribe mayúscula inicial al iniciar una oración y después de un punto.
Esta regla, si bien es correcta, está incompleta, ya que también se pueden escribir palabras con mayúscula inicial detrás de otros signos ortográficos: los dos puntos, los puntos suspensivos y los signos de cierre tanto interrogativos como admirativos. Aquí la cuestión es saber cuándo se debe hacer. Por otro lado, no siempre se debe escribir mayúscula después de cualquier punto. Si el punto corresponde a una abreviatura pero ese punto no cierra la oración, entonces no hay justificación para escribir mayúscula inicial en la siguiente palabra. Por cierto, el corrector automático es especialista en cambiar a mayúsculas las minúsculas que están después del punto de una abreviatura.

2. Se escribe mayúscula en los nombres propios.
Aparentemente, una regla muy sencilla y fácil de seguir. Hay nombres propios de persona (tanto de pila como apellidos): Ricardo, María, González, Ríos; nombres propios de lugares: Guadalajara, Jalisco, México, América; nombres propios de organismos e instituciones: Secretaría de Desarrollo Social, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, y nombres propios de muchas otras cosas.

3. Las palabras escritas enteramente en mayúsculas no se acentúan.
¿Por qué se piensa que era una regla no acentuar las palabras escritas enteramente en mayúsculas? Porque hubo un momento en la historia en que la Academia dio una dispensa para que no se tildaran. ¿La razón? Hace muchos años, antes de que la principal herramienta de trabajo de escritorio fuera la computadora, se utilizaba la máquina de escribir. Este aparato no ofrecía la posibilidad de tildar las mayúsculas (cualquiera que aún tenga entre sus curiosidades una máquina de escribir mecánica —no eléctrica— podrá constatar lo anterior). Debido a esta situación, la Academia dispensó la omisión de las tildes en las mayúsculas. Pero solo fue una dispensa, nunca una regla. Actualmente, las computadoras permiten, sin reparo alguno, tildar las mayúsculas, así que esa dispensa ya es obsoleta. En la siguiente entrega, continuaremos hablando acerca de las mayúsculas, esas letras que pueden ser muy controversiales.

Directora de Punto y Aparte, empresa dedicada a la asesoría en ortografía y redacción
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www.ortografiayredaccion.com

Edición: julio 2012

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