“Si pudiéramos ver lo obvio, no necesitaríamos ser inteligentes”.

 

Recuerdo muy bien el sentimiento de asombro cuando hace ya varios años leí que una de las funciones principales del cerebro era ignorar. ¿Pero cómo? ¿Qué acaso el cerebro no está diseñado para pensar, soñar, construir grandes ideas? Resulta que sí; sin embargo, antes de poder soñar, diseñar o crear, el cerebro primero tiene que ignorar.

 

Analizándolo tiene sentido. La cantidad de información que hay en el mundo es demasiada, y no me refiero a todo el mundo; me refiero a un solo instante en un solo lugar. Haz el experimento: cuando vayas a una plaza, haz el esfuerzo de escuchar, oler y sentir todo a tu alrededor. Después de menos de cinco segundos de haber llegado, tu mente comenzará a ignorar toda la información a tu alrededor y se enfocará solamente en encontrar aquello que estás buscando. Dejarás de escuchar todas las voces, oler todos los olores, y aun la vista comenzará a ignorar a los cientos de personas y rostros que se toparán contigo cada segundo.

 

Y eso sucede con todo en la vida. Nuestro cerebro comienza a ignorar varios elementos de la vida, y al final terminamos por no verlos. Dicho de otra manera: dejamos de ver lo obvio.

 

El costo de no observar lo que está enfrente de nosotros es enorme. De hecho, es tan obvio que es importante ver lo obvio, que simplemente no nos damos cuenta de ello.

 

Familias se deshacen porque el papá o la mamá están demasiado ocupados en sus asuntos y se les olvida que una familia se construye a partir de tiempo y amor. Negocios cierran por no capacitar a sus empleados, cuando es evidente que el talento humano es lo más importante en cualquier empresa. Países se pelean y van a la guerra, cuando es completamente ilógico e irreal que la paz se obtenga a través de un conflicto.

 

Me atrevo a decir que todos nuestros problemas son una consecuencia de ignorar lo obvio. Pongámoslo a prueba.

 

Imagina que tienes un problema en tu empresa o trabajo. Ese problema se complica; comienzas a preocuparte; hay días en que estás de malas; te estresas; tu salud se ve afectada; tus relaciones también se deterioran; aparecen la gastritis y las visitas a los doctores. Probablemente nuestros amigos empresarios nos digan: “Es normal, así es esto; sigue adelante”, consejos completamente equivocados.

 

Mi pregunta para ti aquí es esta: ¿qué es lo obvio que no estás observando?

 

Lo obvio, lo más obvio, es que estás leyendo este artículo. Es decir, estás vivo, tienes dos ojos sanos, personas que te quieren; vives en un país donde no hay guerras, y hoy desayunaste, y lo más importante y lo más obvio, pronto vas a morir (pronto todos vamos a morir).

 

¿De qué sirve preocuparte, estresarte, tirar a la basura tu tiempo y enojarte con las personas si vas a morir?

 

Es obvio que preocuparnos por algo no hace que la situación se resuelva, es obvio que enojarte nunca lleva a buenos resultados, es obvio que vamos a morir  —mucho antes de lo que creemos— y es obvio que no nos llevaremos nada. Es obvio que la felicidad está en qué tanto tú puedes dar a los demás y es superobvio que lo más inteligente es intentar disfrutar el tiempo que estás aquí, sin importar las circunstancias externas.

 

Dejar de comprender lo obvio es lo más peligroso que existe en la vida.

 

Te invito a que en este momento, durante dos minutos, observes lo obvio de tu situación como ser humano. Al hacerlo, estoy seguro de que comenzarás a ver que hay cien veces más cosas que agradecer que por las cuales preocuparse, y en ese momento tus problemas desaparecerán.

 *Director general de Sumie Ideas / www.sumieideas.com / www.unaideasimple.com /  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Dimitri Limberópulos*

www.sumieideas.com

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